jueves, 22 de septiembre de 2011

Doctor miedo

He venido porque tengo miedo.
Especifique.
No sé, es un insecto
que aparece de noche.
¿Y está aquí para decirme eso?
Recuerde, el miedo existía
mucho antes de que usted llegase,
no pretenderá que me trague ese cuento.
¿Por qué no una tormenta,
unas gotas de sangre?
Tome una benzodiacepina
y duerma.
¿Y el insecto?
Olvídelo, compre un insecticida
si eso la consuela.
Míreme a mí, ¿acaso no me ha visto
asomarme al abismo?
Lo recorro a todas horas.
A veces me siento en el borde del trampolín
más alto y me balanceo hasta quedar exhausto.
Pero luego regreso y me pongo esta bata blanca.
¿La ve? Ni una sola mancha.
Todo ha de ser pulcro y aséptico.
Si quisiera tener cuadros en las paredes
los tendría. Arte moderno, abstracto,
nada figurativo, pero nos desviarían
la atención sobre el tema tratado.
¿Hablábamos de su miedo, no?
Por favor, no sea pretenciosa,
pruebe con los placebos, le irán bien.
Y no dude en llamarme o en mandarme una carta
si ve que no contesto –esto es esencial–,
recuerde, los bordes del abismo
suelen quedar fuera
de toda cobertura. 

A.A,

2 comentarios:

  1. Estupendos el inicio y el final. Para cualquier taller de cómo hacer un poema.

    Pienso en Pizarnik o Plath, ellas escribían desde dentro de ese abismo. Esta visión tangencial no desmerece nada.

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