domingo, 11 de septiembre de 2011

Un cuento de brujas (España, 1967)


Hacía mucho tiempo que había huido el Hambre,
se marchó de puntillas
en una larga noche de miedo y de silencio.
El Hambre era un monstruo que viajaba
por países lejanos, y que sólo volvía
a asustar a los niños que no querían comerse
el plato de lentejas.

Como un talismán mi madre me cosió
una bolsa de tela con mi nombre bordado
y me guardó en ella una jarra de plástico:
Toma, mientras esté contigo, jamás vendrá el Hambre.

En la vieja casa de la escuela de párvulos,
después de propinar los palmetazos
en las manitas frías,
la maestra dejaba su regla de madera
descansar en la mesa
para llenar de agua una gran olla
y esparcir sobre ella polvo blanco.

La escuela de párvulos
Removía y removía su pócima
mientras nosotros, en fila, muy callados,
algunos con las jarras de plástico
entre las palmas todavía enrojecidas,
olíamos esa leche dulzona.
Era nuestra ración de cada día,
por orden del gobierno y de sus aliados.


(Para Arcángel Bedmar y los historiadores que me enseñaron a comprender los silencios de aquellos años)

4 comentarios:

  1. Muy buen poema. Espero que sigas poniendo más tuyos.

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  2. Muchas gracias; a ver qué va saliendo de los cajones

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  3. Ay, Carmen, lo que tú vales, que yo lo sé... Qué alegría poder leerte por aquí y que te hayas animado con este proyecto. Te visitaré a menudo, Yaiza

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  4. Este precioso poema me recuerda más a la escuela de mis hermanos mayores que a la que yo conocí. La mía era de crucifijo, bandera, foto de Franco y sobre todo desigualdad entre unos niños y otros, y entre las niñas y los niños y todo ello en una escuela pública. Pero si ahora que lo pienso tenía cierto parecido a un cuento de brujas.
    Gracias por este poema y espero que te prodigues.

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