miércoles, 26 de octubre de 2011

El sillón

Juan Luque, Débiles
Un hombre había muerto
y yo no podía dormir.
Mamá se agitaba en la cama,
y la máquina para que respirase
no funcionaba bien,
hacía un ruido tan bronco.
La enferma de la cama vecina
se lamentaba desde lo más hondo
y todos asentíamos,
porque todos sabíamos, como ella,
que aquello no era vida.
Pero seguía viviendo y no dormía nadie.

Y mi sillón, Dios,
era el peor de todo el hospital,
no podía reclinarlo,
los muelles se clavaban en la espalda.
Quise llorar, pero allí no hay tiempo para eso,
así que fui a dar una vuelta por la planta.
Me asomé a la habitación de aquel hombre.
No quedaba nada más que el silencio
y un sillón nuevo y solo.

Medí mis fuerzas
y lo arrastré por el pasillo.
Después empujé mi sillón roto  
hasta el cuarto vacío.
                                                                         
Una mujer abrió una puerta
y se quedó mirando. Le dije buenas noches.
Sólo quería tumbarme,
cubrirme con la manta,
y esperar la llegada
de otro amanecer.



3 comentarios:

  1. Este poema es muy muy bueno. Ese arranque, "Y mi sillón, Dios...", ahí metes la sexta marcha hasta el estupendo final.

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  2. Me gusta mucho y me emociona, un beso, Carmen

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