sábado, 16 de junio de 2012

Por el camino de Holden, I

El verdadero poeta no elige su material. Es evidente que el material lo elige a él


                       Salinger, Seymour: Una introducción.

Cuando en 1953 Salinger publicó la antología Nueve cuentos, sólo incluyó dos relatos cuyos protagonistas habían sido soldados en la Segunda Guerra Mundial: Un día perfecto para el pez plátano, que narra el día en que Seymour Glass se suicida, y Para Esmé, con amor y sordidez. Pero la guerra permanece latente en la vida de otros personajes y emerge como muerte absurda en El tío Wiggily en Connecticut, donde la protagonista recuerda al hermano de Seymour, Walt Glass, el chico del que se había enamorado y que había muerto en el Pacífico mientras empaquetaba una cocinita japonesa que un coronel quería mandar a su casa. La cocinita estaba llena de petróleo y le estalló en la cara.
Kenneth Slawenski, en la biografía J. D. Salinger. Una vida oculta, se detiene de manera pormenorizada en los años que Salinger pasó en el ejército y, sobre todo, en los meses de combate. En esa dura etapa de la vida de Salinger la escritura le sirvió de terapia y se empezó a gestar el espíritu de Holden, el protagonista de El guardián entre el centeno. Los relatos que escribió durante la guerra no volvieron a publicarse con autorización del autor, y algunos, conservados en distintos archivos, permanecen inéditos.
Salinger se alista en abril de 1942. Tenía veintitrés años y estaba seguro de su talento; escribía con tenacidad, a pesar de los continuos rechazos de las revistas más prestigiosas. En 1941, a punto de publicar en The New Yorker el relato Slight Rebellion off Madison, donde aparece por primera vez Holden, se produce el bombardeo de Pearl Harbour y la revista decide suspender la publicación de una historia que considera demasiado frívola para la situación que atraviesa el país.
 Durante el tiempo que pasó en campos de entrenamiento de Estados Unidos, Salinger dejó escritos varios relatos. En The Last and Best of the Peter Pans, todavía inédito, el narrador es Vincent Caulfield, el hermano mayor de Holden. A través de Vincent, Salinger analiza su situación al ingresar en el ejército y abandonar su hogar. La madre intenta convencerlo para que no se vaya a la guerra y le recuerda a su hermana pequeña y la muerte de su otro hermano, Kenneth, el Allie de El guadián entre el centeno.  
Last Day of de Last Furlough (“furlough” es “permiso” en la jerga del ejército), publicado en 1944, es un relato escrito mientras Salinger esperaba ser embarcado en cualquier momento. Aparece Vincent, pero el protagonista es su amigo, el sargento técnico John Babe Gladwaller. En una discusión con su padre, Babe refleja el punto de vista de Salinger sobre la guerra:

Yo creo (…) que es un deber moral de todos los hombres que han luchado y que lucharán en esta guerra mantener la boca cerrada una vez que termine, no volver a mencionarla jamás. Es hora de reconocer que los muertos murieron en vano. Dios sabe que nunca ha sido de otro modo. (p. 97)

Además de que se hace referencia a Holden, desaparecido en combate, hallamos temas que después se desarrollarán en El guardián, como la pérdida de inocencia o el deseo de Babe proteger a su hermana Mattie. La escena final, que tiene lugar junto a la cama de Mattie, se relaciona con dos escenas de El guardián: el encuentro de Holden con su hermana Phoebe en la habitación de ésta, y la revelación final junto al tiovivo:
           
La capacidad de Babe de reconocer la belleza de la inocencia de su hermana frente a la inminencia de la muerte sugiere que, en una sociedad insensible y superficial que glorifica la guerra, la belleza es lo único que ofrece esperanza y da sentido a la vida. (p. 99)

En enero de 1944 Salinger embarcará hacia Inglaterra donde completará su formación. Fue asignado al 12º Regimiento de Infantería de la Cuarta División como agente de contraespionaje y sargento del Estado Mayor. Además de la lucha, la misión de Salinger, que hablaba francés y alemán, iba a ser comunicarse con la población local y descubrir a los posibles nazis infiltrados. Llegó a Liverpool en 29 de enero de 1944 y estuvo en varios destinos, entre ellos Tiverton, un pueblo muy parecido al de su relato Para Esmé. Por abril de 1944 ya había escrito I’m Crazy, otra historia sobre Holden Caulfield, que se incluiría más tarde en El guardián.   
La trayectoria que recorrerá Salinger durante los meses de combate y las situaciones terribles a las que tendrá que enfrentarse producirán un cambio en él y en su escritura. Slawenski considera que el martes 6 de junio de 1944 fue el momento decisivo de la vida del  escritor. “La guerra, sus horrores, sus agonías y sus lecciones iban a marcar cada aspecto de la personalidad del autor y a reverberar en sus escritos”. Salinger debía desembarcar en la playa de Utah como miembro del destacamento del Cuarto Cuerpo de Contraespionaje con la primera oleada. Las corrientes del canal habían desplazado el desembarco casi dos kilómetros al sur y pudieron evitar las defensas alemanas más reforzadas. Sin embargo su regimiento tuvo que atravesar una zona que los alemanes habían inundado y que bombardeaban sin cesar. Salinger pasaría los siguientes veintiséis días en combate. El 1 de julio habían muerto 1950 hombres de los 3080 que formaban el regimiento. Después del desembarco los soldados debieron enfrentarse a la conocida como “batalla de los setos”, en la que, como describe Slawenski, “en cada campo se producía una batalla. Los soldados, tras caminar sobre cadáveres, se encontraban en un nuevo campo exactamente igual que el anterior”. Adentrarse en el interior de Francia fue más difícil de lo que esperaban pues el ejército encontró “una resistencia encarnizada y unas circunstancias que sus superiores no habían previsto”.
A pesar de esas circunstancias, Salinger no dejó de escribir. En una carta a Whit Burnett, su profesor de escritura de relatos breves en la Universidad de Columbia y editor de la revista Story, le confesaba que estaba aterrorizado y que no podía escribir nada sobre sus experiencias en combate; no tenía palabras. Desde 1941 Burnett  había animado a Salinger para que escribiera una novela sobre Holden Caulfield.
El 25 de agosto de 1944, cuando los alemanes entregaron París, Salinger y su regimiento estaban ya en la ciudad. Aquellos días en París fueron un respiro para Salinger. Conoció a Ernest Hemingway, que trabajaba como corresponsal de guerra y se alojaba en el hotel Ritz. Salinger admiró a Hemingway como persona, le pareció amable y nada pretencioso y se sintió muy agradecido y reconfortado por su amistad.
Salinger escribió relatos y poemas que no han sobrevivido o nunca aparecieron en la prensa.  The Magic Foxhole es considerada por Slawenski como la mejor de estas historias. Está basada en las experiencias en combate del propio autor y “constituye una fuerte condena a la guerra”. Su mensaje se oponía a la propaganda habitual de 1944. Hace una dura crítica al ejército y “llama la atención sobre la política oficial de devolver al frente a hombres enfermos antes de que estén mentalmente curados”. También hay un retrato “tácito pero omnipresente del uso de los hombres como carne de cañón”.
El fragmento más poderoso (…)  son las primeras líneas que describen el desembarco en Normandía en el día D. (…) No hay nada en la playa excepto cadáveres y una figura solitaria: un capellán que se arrastra por la arena buscando sus gafas con frenesí. Cuando el transporte se acerca a la orilla, el narrador observa con asombro la irreal escena, hasta que el capellán también queda hecho pedazos y el movimiento se detiene. Sólo entonces llega el ruido de las explosiones. Este fragmento es asombrosamente conmovedor, pero, por encima de todo, altamente simbólico. (…) Contiene un momento de iluminación esencial en la escritura del autor. Por primera vez, J. D. Salinger se hace la pregunta: ¿dónde está Dios? (p. 140)
          Después de la liberación de París, cuando los aliados declaraban que desde el punto de vista militar la guerra había terminado, Salinger tuvo que enfrentarse a la pesadilla del bosque de Hürtgen. De unos ocho kilómetros cuadrados en la frontera de Alemania con Bélgica, era un bosque diseñado por los alemanes, con árboles de 30 metros plantados muy cerca. No se veía el sol, la niebla era espesa, estaba lleno de trampas y de alambres de espino. Hacía demasiado frío para septiembre y las tropas no tenían la ropa adecuada; muchos hombres murieron congelados. Fue una batalla inútil y “la carnicería más cruel de la Segunda Guerra Mundial en el frente occidental”. Sólo en el regimiento de Salinger, formado por 3080 soldados murieron en Hürtgen 2517, casi la mitad de ellos a causa de los elementos. A principios de diciembre dejaron aquel infierno pero todavía tuvieron que soportar la batalla de las Árdenas. Cuando acabó, en enero de 1945, y las tropas atravesaron el bosque que se descongelaba, encontraron escenas de terror: “La nieve derretida revelaba los cadáveres de miles de soldados estadounidenses, muchos de ellos con las manos tendidas hacia el cielo como súplica”.
Para Slawenski no se puede entender la profundidad de las obras posteriores de Salinger, sin conocer cuáles fueron las condiciones de vida de Hürtgen y los sufrimientos que soportó el escritor, quien, en una semblanza que envió a la revista Story, declaraba: “todavía escribo siempre que puedo encontrar el asiento” y “una trinchera vacía”. La mayoría de los supervivientes nunca quisieron hablar de Hürtgen. La batalla es el origen de las pesadillas que sufre el Sargento X en Para Esmé, con amor y sordidez.
Aunque la historia se desarrolla en Normandía, la experiencia de estos meses quedó reflejada en el relato Boy in France, publicado en marzo del 45. “Cuando empieza la historia el lector siente el rumor de los fusiles en la lejanía y el olor del barro, el frío, la tierra. En ese suelo duerme un muchacho exhausto y sucio con uniforme de soldado”. Es el sargento Babe Gladwaller, que ha conservado un recuerdo poderoso: una carta de su hermana pequeña Mattie. “Es la primera de las muchas obras en las que Salinger equipara la poesía con la espiritualidad”. El relato refleja también una experiencia religiosa: 

Metido en la tumba de su trinchera Babe (…) ve a Dios, aunque sólo sea a través de la belleza de la inocencia de su hermana pequeña, y al sentir su propia conexión con esa belleza sabe, una vez más, que está vivo. (p.156)

El relato This Sandwich Has No Mayonnaise, donde domina el dolor por la pérdida, se publicó en octubre de 1945. Aparece de nuevo el sargento Vincent Caulfield. En un camión, con treinta y tres soldados de un campo de entrenamiento en Georgia, se dispone a ir a bailar a la ciudad. Pero sólo tienen permiso treinta, de modo que sobran cuatro. En el relato hay varias conversaciones del sargento con los soldados, intercaladas con monólogos interiores en los que Vincent recuerda momentos vividos junto a sus hermanos menores, Phoebe y Holden, de diecinueve años, desaparecido en combate. El clímax del relato es la aparición de un muchacho bajo la intensa lluvia. El chico, casi llorando, insiste en que él se había apuntado de los primeros para ir al baile. Para Vincent el muchacho es como el espíritu de Holden Caulfield. En su mente, Vincent le pregunta a Holden dónde está, y le ordena que deje de silbar, que se siente derecho, que le diga a alguien que está Aquí, no muerto ni desaparecido, sino Aquí.
El relato inédito The Ocean Full of Bowling Balls, también podría haber sido escrito en esa época. En él se narra lo sucedido el día de la muerte de Kenneth Caulfield (Allie en El Guardián), un niño con problemas cardiacos. Para Slawenski “Kenneth es un símbolo del equilibrio, una figura de unión entre poesía y prosa, intelecto y espíritu, incluso entre vida y muerte”.
En febrero, Salinger entra en Alemania. En cada pueblo debía entrevistar a los habitantes y comunicar las normas y las reglas del regimiento. El 22 de abril llegan al complejo de Dachau formado por ciento veintitrés campos, lugares cuyo olor se podía percibir a quince kilómetros de distancia. Salinger tomó parte en la liberación de las víctimas de los campos de concentración. “Puedes vivir una vida entera sin librarte jamás del olor a la carne quemada", dijo una vez a su hija.
La guerra terminó el 8 de mayo de 1945, pero Salinger no pudo licenciarse; fue reasignado a un destacamento del Cuerpo de Contraespionaje. Durante la guerra había escrito prosa y poesía. Muchos esperaban que escribiese una novela bélica; sin embargo,  él declaró en una entrevista:

Los hombres que han vivido esta guerra merecen alguna clase de melodía trémula interpretada sin vergüenza ni arrepentimiento. Seguiré esperando ese libro. (p 177)

En el verano de 1945 Salinger cayó en una profunda depresión -lo que hoy se conoce como “trastorno por estrés postraumático”- e ingresó voluntariamente en un hospital de Nuremberg, desde donde, el 27 de julio, le escribió a Hemingway  confesándole que se encontraba “en un estado casi continuo de abatimiento”. Antes de esta fecha ya había escrito The Stranger, protagonizado por su alter ego, Babe Gladwaller, que regresa a casa después de la guerra. Vicent Caulfield ha muerto en Hürtgen y Babe irá a visitar a Helen, la novia de su amigo, “para darle un poema escrito por él y comunicarle las circunstancias de su muerte. El acto es para él una forma de terapia, pero resulta tan doloroso que no puede llevarlo a cabo él solo. Lo acompaña su hermana pequeña Mattie, para darle fuerza y orientación espiritual”.
Salinger regresó a Estados Unidos en 1946 y continuó escribiendo relatos. Tampoco olvidó la novela sobre Holden Caulfield. Pero todavía faltaban algunos años para que la melodía trémula sonara en Para Esmé, con amor y sordidez y se deslizara entre las páginas de El guardián entre el centeno.


Las citas recogidas en esta entrada pertenecen a la siguiente edición:

SLAWENSKI, Kenneth, J. D. Salinger. Una vida ocultatrad. de Jesús de Cos, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2010.


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