miércoles, 29 de mayo de 2013

Mi hartazgo de las proporciones épicas

     Desde hace dos años, en septiembre, comienzo mis clases de Literatura Universal con la lectura de unos poemas entre los que incluyo “Mi hartazgo de las proporciones épicas”, de Charles Simic, publicado en Desmontando el silencio (Ayuntamiento de Lucena, 2004), una antología de Simic en edición bilingüe de Jordi Doce:

Mi hartazgo de las proporciones épicas

Me gusta cuando
matan a Aquiles
o a su colega Patroclo,
o a Héctor, ese exaltado,
y toda la
jeunesse dorée
griega y troyana
acaba más o menos
expertamente masacrada
y hay por fin
un poco de paz y tranquilidad
(los dioses se han callado
por un momento)
se escucha
el canto de un pájaro
y una niña le pregunta a su madre
si puede ir al pozo
y claro que puede
por esa hermosa senda
que serpentea
por el huerto de olivos.

     Elegí este poema por varias razones: por su desnuda belleza artística, por sus referencias a los héroes de Homero que han recorrido la historia de la literatura y el cine, por la desmitificación de los valores inamovibles, de lo supuestamente grande, de la guerra causada por la soberbia de los poderosos. Agradezco a Simic que haga callar a los dioses por un instante, y en el poema escucho el canto del pájaro y veo a la niña que va a buscar agua a través del sendero. Luego levanto la mirada y observo la perplejidad de mi auditorio. Ha llegado la hora de explicar la elección de “Mi hartazgo de las proporciones épicas”. No vale refugiarse en lo fácil, como decir que el poema se ha convertido en uno de los que me acompañan en mi vida. Tampoco puedo utilizar el juego de descubrir las metáforas y desvelar su significado. El poema dice lo que dice, no sobra ni falta una palabra. Entonces hablo de la vigencia de los clásicos y los mitos y de cómo estos son recreados por un gran poeta para trasmitirnos algo nuevo: frente a la exaltación del heroísmo, la realidad de la masacre y la guerra; frente al campo de batalla, el paisaje silencioso de un “huerto de olivos” que atraviesa una niña, uno de tantos seres anónimos, como el propio Charles Simic, que han sufrido a lo largo de la historia las locuras épicas del poder movido por los hilos de dioses charlatanes. No se puede decir más con tan pocos recursos, no se puede producir más emoción poética donde parece que no hay casi nada.
       Charles Simic nació en Belgrado en 1938 y su infancia está unida al recuerdo de experiencias terribles, como los bombardeos alemanes y aliados sobre su ciudad. Desde 1954 reside en Estados Unidos, donde es considerado uno de los grandes poetas del país. Fue un niño de la guerra y esas vivencias lo acompañan siempre y se reflejan en su poesía, sin sentimentalismos, sin quejas, mostrando esa otra realidad que ahogan las batallas, los discursos imperiales y los fanatismos. Una realidad en la que un perrito blanco recibe la patada de una bota cruel en un glorioso desfile y una madre es “una trenza de humo negro”. Pero acerca de esta última imagen escribiremos otro día.

Dos perros

Un perro viejo, temeroso
de su propia sombra
en un pueblo del sur.
La historia me la cuenta
una mujer casi ciega,
una cálida noche de verano
mientras las sombras
del bosque de New Hampshire
se deslizan bajo nosotros:
una calle extensa, un perro inquieto,
un par de gallinas polvorientas
y aquel sol cayendo a plomo
en un pueblo sin nombre del sur.
Me hizo recordar a los alemanes
desfilando ante nuestra casa en 1944.
El modo en que todos nos quedamos en la acera
mirándolos con el rabillo del ojo,
el temblor de la tierra,
el paso de la muerte…
Un perrito blanco corrió hasta el asfalto
y se enredó en los pies de los soldados.
Una patada lo hizo volar como si hubiera
tenido alas. Esto es lo que ahora veo.
La noche cayendo lentamente.
Un perro con alas.


Los poemas “Mi hartazgo de las proporciones épicas” y “Dos perros” son versiones de Jordi Doce y están incluidas en la siguiente edición:


Charles Simic, (Ed. de Jordi Doce). Desmontando el silencio. Ayuntamiento de Lucena, col. 4 Estaciones. Lucena, 2004 

3 comentarios:

  1. Tu blog me parece muy interesante. Gracias por la información que aportas. Me han gustado mucho los poemas de Simic, un autor que no conocía. Saludos, Eukene.

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    1. Gracias a ti, Eukene, por tu lectura. Me alegro de que te haya gustado. En cuanto pueda quiero publicar algo más sobre Simic. Un saludo

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  2. Me encanta el poema, certero y terrible.
    Eva

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