domingo, 29 de diciembre de 2013

Kafka y el Club de la Materia Kafkiana


Excitantes estatuas de santos en el puente de Carlos IV. La notable luz
vespertina del verano en el vacío nocturno del puente. Kafka, Diarios, 19 de junio de 1916

 El domingo 21 de noviembre de 1915, después de una noche de “particular insomnio” y de un día de “completa inutilidad”, el Doctor Kafka escribe en su diario:

Paseo, Hybernergasse, Stadtpark, Wenzelsplatz, Ferdinandstrasse, luego hacia Podol. Penosamente alargado a dos horas. He sentido de vez en cuando fuertes dolores de cabeza, en una ocasión casi como quemaduras. Cena. Ahora en casa. ¿Quién sería capaz de ver esto desde arriba, del principio al fin, con los ojos abiertos?  

Sin embargo, en el sueño, los hechos habían ocurrido de manera bien distinta.

martes, 10 de diciembre de 2013

Kafka pasea por Praga


Durante la época de verano, Franz Kafka nadaba en la piscina de la Escuela Civil de Natación, instalada en la rivera, bajo la colina del Belvedere. Otra de sus aficiones era remar "en el mejor de los estilos" por el Moldava; acerca de ello le escribió a Milena Jesenská:

Hace algunos años yo solía pasear frecuentemente por el Moldava, en canoa, remaba aguas arriba y luego me dejaba llevar por la corriente, acostado bajo el puente. Considerando mi delgadez, debe haber sido un espectáculo bastante cómico para los que estaban en el puente. Este empleado [de su oficina], que justamente me vio una vez desde allí, sintetizó de este modo su impresión, después de hacer resaltar suficientemente el aspecto cómico de la misma: le había parecido una escena previa al Juicio Final: el momento en que ya levantaban las lápidas de las tumbas, peros los muertos seguían acostados e inmóviles.

lunes, 2 de diciembre de 2013

La carta que el padre de Kafka nunca leyó


Voy vagando como un niño por los bosques de la edad adulta.

Franz Kafka. (De una carta a Max Brod)
Buscando la Praga de Kafka, IV

Una tarde, mientras paseaba por el Belvedere –aún no habían salido las estrellas–, Franz Kafka soñó con una carta que nunca había llegado a su destino. La había escrito en noviembre de 1919 en una pensión de Schelesen y estaba dirigida a su padre. Tiempo después le escribiría a Milena Jesenská: “Si alguna vez quisieras saber cómo era mi vida en otras épocas, te mandaré de Praga la carta gigantesca que hará medio año le escribí a mi padre, pero que todavía no le entregué”. El 4 de julio de 1920 Kafka le anuncia el envío a Milena: “Mañana te mando la carta a mi padre, a tu casa, cuídala, algún día podría tal vez sentir deseos de mostrársela. No permitas, si es posible, que la lea nadie más. Y trata de comprender al leerla todas las argucias legales; es una carta de abogado.”