domingo, 14 de diciembre de 2014

Octavio Paz, "Obra poética"

Para Octavio Paz la poesía es conocimiento y revelación, y el poema una “vía de acceso al tiempo puro, inmersión en las aguas originales de la existencia". "La poesía no es nada sino tiempo, ritmo perpetuamente creador”, escribía en su ensayo El arco y la lira.

La edición Obra poética (1935-1998) (Galaxia Gutenberg, 2014) conmemora el centenario de Octavio Paz (México 1914-1998). Su lectura es un camino que hay que recorrer despacio. El mapa que dibujaremos al final no será una línea recta sino un círculo en cuyo centro confluyen estratos de varias épocas, imágenes de una biografía escrita por el tiempo y la memoria. Octavio Paz, en el prólogo, se cuestiona la existencia de distintas etapas en una obra:

¿Hay ciclos realmente? ¿No estamos condenados a escribir siempre el mismo poema? Una obra, si lo es de veras, no es sino la terca reiteración de dos o tres obsesiones. Cada cambio es un intento por decir aquello que no pudimos decir antes; un puente secreto une los torpes y ardientes balbuceos de la adolescencia a los titubeos de la vejez.

lunes, 1 de diciembre de 2014

El podado Quijote de la RAE

Fuente: RAE
No puedo escribir acerca de El Quijote adaptado de la RAE; aún no lo he visto ni lo he hojeado; no lo he tenido entre mis manos, no he comprobado su peso y su volumen, su número de páginas. No sé si mis alumnos lo incluirían en la categoría de “libro demasiado gordo” o en la de “al menos es finito”; en cuanto al tamaño de la lectura, el juicio de mis alumnos suele ser implacable. Sólo voy a escribir acerca de un lanzamiento publicitario.

El nuevo Don Quijote de la Mancha llega a las librerías en unas fechas señaladas, la Navidad, el mejor momento para vender un libro con voluntad de best seller. Porque hay varias y buenas ediciones de El Quijote y existen también antologías y adaptaciones para niños. Pero nada comparable con esta nueva edición; ese debe ser el mensaje.

De ese modo, la noticia me llegó a través de un anuncio publicitario que ocupaba toda una página de un periódico. No es necesario aclarar que el periódico pertenece a la misma empresa que la editorial de este Quijote, pues en estos tiempos son pocas las editoriales que se pueden permitir semejantes gastos de promoción.

lunes, 3 de noviembre de 2014

CeroCeroCero y los libros que golpean como un hacha

¿Qué se arriesga al leer? Muchísimo. Abrir un libro, hojear páginas, es peligroso. Una vez abiertas las páginas de Émile Zola o de Varlam Shalámov no se puede volver atrás. Lo creo profundamente. Pero el riesgo de conocer esas historias a menudo es ignorado por el propio lector. No se da cuenta de ello. Si yo pudiera cuantificar realmente el daño que causan a los poderes los ojos que conocen, las personas que quieren saber, intentaría dibujar un diagrama. Detenciones, cárceles y tribunales valen la mitad de la mitad en comparación con el peligro que puede generar conocer los mecanismos, los hechos, sentir esas historias como propias, cercanas.

                                          Roberto Saviano, CeroCeroCero


En una carta de 1904, dirigida a su amigo Oskar Pollak el joven Kafka escribía:

Pienso que solo deberíamos leer libros de los que muerden y pinchan. Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en la cara, ¿para qué leerlo? ¿Para que nos haga felices, como dices en tu carta? Por Dios, podríamos ser igual de felices sin libros, y si nos hicieran falta libros para ser felices, podríamos escribirlos nosotros mismos, llegado el caso. (…); un libro tiene que ser un hacha que abra un agujero en el mar helado de nuestro interior.

domingo, 5 de octubre de 2014

"Mi séquito silencioso", de Charles Simic

El tiempo es el gran maestro de ceremonias de Mi séquito silencioso; alrededor de él giran imágenes y fantasmas, escenas y reflexiones. “El anhelo secreto de la poesía es detener el tiempo”, escribe Charles Simic (Belgrado, 1938) en sus memorias Una mosca en la sopa. El poeta se convierte a veces en “ese maldito necio que enfoca una linterna / sin apenas batería hacia el pasado”. Después, el tono de voz y los detalles conformarán un estilo poético inconfundible.

Vaso Roto Ediciones ha publicado en 2014 Mi séquito silencioso, traducido por Antonio Albors. El original –My Noiseless Entourage– apareció en Estados Unidos en 2005 y supuso un hito más en la larga trayectoria poética de Charles Simic.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Highsmith en Berlín: “Tras los pasos de Ripley”


El Berlín Occidental que Patricia Higsmith visitaba a finales de los 70 debía de ser como lo describe Eric Lanz, personaje de Tras los pasos de Ripley: “¡Una ciudad divertidísima! Llena de lugares que no cerraban en toda la noche. Gente de toda clase, individuos, aventureros, de todo. No muchos turistas, sólo los extranjeros más bien estirados que acudían a la ciudad para asistir a alguna conferencia o congreso”. En Berlín recalaban artistas como David Bowie, Lou Reed, Freddy Mercury, Mick Jagger… Cautivada por aquel ambiente, Patricia Highsmith eligió la ciudad como escenario de la cuarta novela de la “Ripliada”, The Boy who Followed Ripley (Tras los pasos de Ripley), publicada en 1980.

viernes, 25 de julio de 2014

Una mujer en Berlín

Una mujer en Berlín no es una novela, es un documento autobiográfico y literario que recoge las anotaciones de un diario escrito entre el 20 de abril y el 22 de junio de 1945. Su autora fue una mujer nacida alrededor de 1911 en una familia burguesa. Educada de una manera exquisita, hablaba varios idiomas, entre ellos el ruso. Había viajado por toda Europa y había vivido en Moscú, París y Londres. Regresó a su país por su propia voluntad: «En el extranjero no habría podido jamás echar raíces. Siento que pertenezco a mi pueblo, quiero compartir su destino, incluso ahora».

La editorial donde trabajaba había cerrado, el hambre era la compañía diaria y la antigua habitación donde vivía había sido bombardeada; solo le había quedado una maleta pequeña con ropa. Berlín está a punto de caer. La autora y las familias que viven en el edificio donde ella se ha trasladado están rodeadas por un cerco de cañones que se va estrechando: «Cada nuevo día de vida es un día triunfal. Se es una superviviente un día más», escribe en el sótano –el refugio–, entre el temblor y el espanto de las bombas.

jueves, 17 de julio de 2014

Sobre dos poemas de Antonio Mochón

Una mañana de finales de 2008 Antonio Mochón, (Armilla, Granada, 1980) me pidió que leyera el poema “Puedo intuir la forma”. Era el primero que escribía después de varios meses dedicado a cuestiones inaplazables: buscar trabajo, estudiar para unas oposiciones, trasladarse a una ciudad distinta donde iba a enfrentarse a una nueva  realidad como profesor de instituto.

Cada libro guarda una historia; la de Carretera blanca comenzó con aquel poema escrito un día de otoño. Para su autor suponía un cambio radical en su poética. Antes había publicado Lugares de tránsito (2005), vertebrado por una imagen: la de una casa cuyas habitaciones se convierten en momentos de la vida, del transitar, porque “en la vida hay sitios que recuerdan / que una vez fuimos otros”.

viernes, 20 de junio de 2014

"La mentira de Vermeer"

"La callejuela" de Vermeer. Fuente: Essential Vermeer 2.0
Quizás no haya un pintor más proustiano que Vermeer. En Un amor de Swann, la narración incluida en la primera parte de En busca del tiempo perdido, Swann intenta escribir un estudio sobre la obra de Vermeer, pero nunca llega a acabarlo. Su vida fracasa; ha dejado a un lado lo que hubiera sido lo esencial –el arte, la pureza, la literatura– y se ha entregado a una vida mundana y al amor de la vulgar Odette.  En la famosa escena de La prisionera el escritor Bergotte muere en una exposición a la que asiste muy enfermo para contemplar la Vista de Delft, pues un crítico había escrito que estaba tan bien pintado “como una preciosa obra de arte china, de una belleza que se bastaba a sí misma”. La agudeza del crítico le había hecho contemplar el conjunto y los motivos del cuadro de una manera distinta. Para Bergotte aquel fragmento amarillo representaba la perfección absoluta del arte.

viernes, 23 de mayo de 2014

"Carol" de Patricia Highsmith

–¿Qué canción sonaba antes, la de la voz y el piano?
 –Tararéala.
  Ella silbó un trozo y Carol sonrió.
 –Easy Living (Vida fácil) –dijo Carol–. Es muy antigua.
                                                                      
                                                Patricia Highsmith, Carol.


En un prólogo a la edición de Carol, de 1989, Patricia Highsmith relataba las vicisitudes que rodearon la publicación de esta novela a principios de los años 50. El germen de la historia surge en 1948, cuando la escritora vivía en Nueva York. Aún no se había publicado Extraños en un tren, que aparecería a finales de 1949, y para ganar algo de dinero Highsmith trabajaba como dependienta en la campaña de Navidad en unos grandes almacenes de Manhattan. Estaba a punto de cumplir veintiocho años y se sentía algo deprimida. La vida estaba llena de posibilidades, solo de posibilidades.

Desde su puesto, en el ajetreado mostrador de las muñecas de la sección de juguetes, Patricia Higsmith experimentó uno de esos momentos especiales en los que reconocía una idea para un futuro relato:

miércoles, 14 de mayo de 2014

Las "Divinas comedias" de James Merrill

James Merrill (Nueva York, 1926 – Arizona, 1995) publicó en 1976 su séptimo poemario, Divinas comedias, con el que obtuvo el premio Pulitzer de poesía en 1977. Algunos de los poemas del libro habían aparecido ya en prestigiosas revistas, como «Lost in traslation» («Perdido en la traducción») –considerado uno de los grandes poemas de la literatura americana del siglo XX–, que había sido publicado por The New Yorker (1974).

Gracias a la edición bilingüe de Divinas comedias (Vaso Roto, 2013), con traducciones de Jeannette L. Clariod y Andrés Catalán, podemos leer a este autor al que Harold Bloom incluye en La escuela de Wallace Stevens. Un perfil de la poesía norteamericana contemporánea (Vaso Roto, 2011). Para Bloom «sin duda estamos ante un artista del verso comparable a Milton, Tennyson y Pope, y que será recordado como el Mozart de la poesía estadounidense, es decir, como un clásico del Manierismo o el Barroco, maestro de la cambiante luz, manifestación de una perfección que destruye».

sábado, 19 de abril de 2014

Simic y el mundo que fluye sobre lo inútil


Caminamos con nuestro séquito de fantasmas a cuestas. Con gestos les ordenamos que se callen, pero son tan testarudos que, cuando menos se los espera, surgen del insomnio o las sombras. Convivimos con estos cargantes espíritus. Algunos nos limitamos a soportarlos; otros, por suerte, consiguen transformarlos en arte. Este es el caso de Charles Simic. 

Sentados en la mecedora de un porche imaginario, vemos pasar a los personajes que pueblan Mi séquito silencioso. El primero de ellos es la vida, el inexplicable objeto cuyo nombre se nos escapa. “La vida es el secreto más fino, mientras esta perdure todos debemos susurrar”, escribía en una carta Emily Dickinson.

Mi séquito silencioso nos ha traído de nuevo a Simic. Sus poemas nos recuerdan que podemos mirar hacia lo incomprensible desde fuera, contemplar la experiencia de un instante que ha quedado suspendido en el tiempo. Nos recuerdan además que podemos reírnos de nosotros mismos, de nuestros miedos y nuestra pequeñez. Es poesía que inquieta y  consuela, como aceptar un enigma que nunca será resuelto.

El mundo fluye sobre lo inútil

Olas nacidas para repetirse a sí mismas,
balbuciendo eternas excusas
a las gaviotas que recorren la costa.
O tú, viento racheado, molestando a esos pinos
con tu oratoria salvaje.

Incluso tú, oscuridad que llegas,
y tú, arbusto seco rodando
a través de un pueblo fantasma
con la chinche que sólo vive un día
sobre una cortina rota
y un cielo lleno de nubes blancas.

Una foto rasgada tras otra
cuyas partes no encajan –¿y por qué
habrían de hacerlo, lúgubres rumores,
con todo vuestro aderezo de estupidez?–.
Siempre que acudí al mar y al cielo
en busca de consejo, esto es lo que obtuve.

Charles Simic

Charles Simic, (Traducción de Antonio Albors). Mi séquito silencioso. Vaso Roto Ediciones. Madrid-México, 2014. 

lunes, 24 de marzo de 2014

"El cansancio ajeno", poesía completa de Vasko Popa

En unos apuntes sobre poesía escribe Vasko Popa: «Te preguntan qué significa tu poema. ¿Por qué no le preguntan al manzano qué significa su fruto: la manzana? Si supiera hablar, el manzano, seguramente, les contestaría: “Muerdan la manzana y verán lo que significa!”».

El cansancio ajeno, publicado en 2012 por Vaso Roto Ediciones, nos ha permitido, al fin, leer en español la obra de este gran poeta serbio, traducido por Dubravka Sužnjević. Además de reunir la poesía completa, como su autor la preparó en 1988, el libro recoge unos textos en los que Vasko Popa (Grebenac, Voivodina, 29 de junio de 1922 - Belgrado, 5 de enero de 1991) nos muestra su visión de la poesía y del proceso poético y un esclarecedor ensayo del poeta Ivan V. Lalić, que el mismo Popa había elegido como prólogo de su edición.

Vasko Popa publicó Corteza, su primer libro, en 1953, revelándose como una voz poética en su plena madurez creadora. En Corteza aparece el elemento irracional del surrealismo pero, como señala Ivan V. Lalić, sometido a una disciplina poética; a esto hay que unir los motivos folclóricos tratados de una forma renovada y original. Los símbolos y metáforas tejen una sorprendente red de asociaciones expresadas con un lenguaje cotidiano, claro y conciso, y con poemas breves, de versos cortos, estilo que caracteriza toda la poesía de Popa.  

miércoles, 26 de febrero de 2014

“Cartas a Felice”: Kafka, el amor y la literatura

No tienes por qué preguntar si te quiero. A veces tengo la sensación de que todo, todo está desierto, y que tú te alzas, solitaria, sobre las ruinas de Berlín.
                            
 Kafka, carta del 10 de junio de 1913.


La tarde del 13 de agosto de 1912, Franz Kafka, joven escritor y abogado, de veintinueve años recién cumplidos, con un empleo seguro como funcionario, llega a la vivienda paterna de su amigo Max Brod. El motivo de su visita era “discutir la ordenación” del manuscrito del primer libro que Kafka se decidía a publicar: Contemplación, una pequeña selección de “breves prosas”. Pero había otra visita en la casa, la señorita Felice Bauer, una joven berlinesa de veinticuatro años –cumpliría veinticinco en noviembre–, conocida de la familia, que estaba de paso en Praga en su viaje hacia Budapest, donde asistiría a la boda de su hermana.

El 15 de agosto Kafka escribe en su diario: “He pensado mucho en –qué apuro me da escribir nombres– F.B.”. El 20 de agosto nos dejará su famosa descripción de Felice con anotaciones como estas: “me pareció una criada”, “cara larga y huesuda que mostraba abiertamente su vacío”, mientras me sentaba la miré por vez primera con más detenimiento; cuando estuve sentado ya tenía un juicio inquebrantable. Como se-”. Kafka debió de ser interrumpido en ese instante y sus impresiones quedaron inacabadas. De este modo dejó abierto un misterioso camino de su vida y su obra que ha sido objeto de múltiples interpretaciones; entre ellas, la más común, es obviar el protagonismo de Felice en esta historia y convertir a la joven en un personaje que Kafka creó a través de sus cartas.  

sábado, 1 de febrero de 2014

Leyendo a Vasko Popa

Vasko Popa me llegó a través de Charles Simic. Las lecturas son como migas de pan que nos conducen por nuevos caminos. Y sentimos el deseo de adentrarnos en ellos. Es la curiosidad de abrir un libro, de descubrir el mundo que guarda entre sus páginas.

Estoy leyendo a Vasko Popa y recuerdo unas palabras que Kafka escribía en una carta a Felice Bauer. Le hablaba de un libro filosófico escrito por su amigo Félix Weltsch: «Yo por mi parte estoy forzándome a leerlo y entenderlo; allí donde no hay nada que se pueda tocar con la mano, mi atención se disipa con demasiada facilidad». Recuerdo también lo que el lector Kafka le escribió a Milena Jesenská acerca de un escritor situado, en apariencia, muy lejos del universo kafkiano: “Me gusta mucho Chejov, a veces locamente”.

Y me vienen a la memoria las ideas de Chejov, como las mostraba Raymond Carver en Tres rosas amarillas:

Pero, a diferencia de Tolstoi, Chejov no creía, jamás había creído, en una vida futura. No creía en nada que no pudiera percibirse a través de cuando menos uno de los cinco sentidos. En consonancia con su concepción de la vida y la escritura, carecía —según confesó en cierta ocasión— de «una visión del mundo filosófica, religiosa o política. Cambia todos los meses, así que tendré que conformarme con describir la forma en que mis personajes aman, se desposan, procrean y mueren. Y cómo hablan».

De este modo Chejov nos mantiene alerta ante el misterio de las cosas. ¿Será ese el regalo? Y pienso en las palabras de Virginia Woolf:

He soñado a veces que cuando amanezca el Día del Juicio y los grandes conquistadores, abogados y estadistas se acerquen a recibir su recompensa -sus coronas, sus laureles, sus nombres tallados de manera indeleble en mármol imperecedero- el Todopoderoso se volverá hacia Pedro, no sin cierta envidia, cuando nos vea llegar con nuestros libros bajo el brazo: "Mira, esos no necesitan recompensa. No tenemos nada que darles. Les gustaba leer.

Esta cita me trae a Emily Dickinson; para ella los libros eran «esos amigos cautivadores, las inmortalidades, quizá, que cada uno puede pre-recibir». Después de visitarla, sorprendido, el escritor T.W. Higginson,  en una larga carta dirigida a su mujer, anotó esta frase que le había oído decir a Emily:  

Si leo un libro y se me enfría tanto el cuerpo que ningún fuego puede calentarme, sé que “eso” es poesía. Si tengo la sensación física de que se me vuela la tapa de los sesos sé que “eso” es poesía. Son para mí las únicas maneras de saberlo. ¿Existe alguna otra manera?

Y entonces, en el silencio, escucho este poema de Vasko Popa:

Construcción

El coronel partisano retirado
Se gasta todo su dinero
Y todo su tiempo libre
En libros

Sus coetáneos jubilados
Lo invitan al paseo a una cerveza
Le hacen bromas y preguntas
Para qué tanto conocimiento

El antiguo obrero de la construcción
Se da golpecitos con el índice
En su cana cabeza

No quiero llevar esta olla
Vacía bajo la tierra


El poema está recogido en: VASKO POPA, El cansancio ajeno. Poesía completa. Vaso Roto Ediciones, 2012.

viernes, 24 de enero de 2014

"Los traductores del viento"

Imaginemos una pesadilla, un infierno en la Tierra; allí estaría Henoc, el espacio donde transcurre la novela Los traductores del viento (Vaso Roto Ediciones, 2013) de Marta López Luaces (La Coruña, 1964). La mítica Henoc era la ciudad bíblica fundada por Caín, quien le puso el nombre de su hijo. La nueva Henoc, una “distopía” creada por la literatura, pertenece al territorio de lo posible. Mientras leemos la historia de esta ciudad nos asaltan imágenes de lugares que se multiplican en nuestro mundo perfecto: campos de refugiados que se extienden por zonas inhóspitas, centros de internamiento de extranjeros, guetos y alambradas.