jueves, 20 de agosto de 2015

"Saltaré sobre el fuego", una antología de Wisława Szymborska

El 3 de octubre de 1996, al recibir la noticia de que le habían concedido el Premio Nobel de Literatura, Wisława Szymborska (Polonia, 1923-2012), declaró en una rueda de prensa:

Espero que no se me suba a la cabeza.
Soy escéptica por naturaleza. Especialmente conmigo misma. Intento no pensar mucho en mí, y no es pose ni guiño al lector; de veras no estoy en el centro de mi interés. El mundo es tan interesante que no vale la pena ocuparse de uno mismo.

Estas palabras, que aparecen recogidas por Anna Bikont y Joanna Szczęsna en Trastos, recuerdos, una biografía de Wisława Szymborska (Pretextos, 2015), reflejan la personalidad de esta poeta, su visión de la vida, el mundo y la poesía.

La editorial Nórdica Libros ha publicado en 2015 la antología Saltaré sobre el fuego,  treinta y cuatro poemas de Szymborska para adentrarnos en la obra de una de las poetas más importantes del siglo XX y disfrutar de una poesía en apariencia sencilla y coloquial pero enormemente compleja en su elaboración y en la forma de tratar los temas esenciales para el ser humano: la vida, el amor, la muerte, la historia.

“Nada nuevo bajo el sol”, dice el poeta anónimo del Ecclesiastés, pero Wisława nos recuerda que: “Nada sucede dos veces/ ni va a suceder, por eso/ sin experiencia nacemos/ sin rutina moriremos”.

Wisława Szymborska pertenece a esa categoría de poetas que empezamos a amar cuando los conocemos, quizás porque escriben poemas redondos, perfectos, que se quedan grabados para siempre en nuestra memoria. Y ese es el milagro de la poesía, más allá de elucubraciones teóricas, tendencias o características generales de un manual escolar.

Saltaré sobre el fuego es un hermoso libro con ilustraciones de Kike de la Rubia (Madrid, 1980), quien explicaba a la agencia EFE: "El trabajo de ilustrarla tuvo su punto de partida en un documental que vi sobre los últimos días de su vida, en el que aparecía íntima, risueña, con este sentido del humor que hace de ella un personaje especial, ligero y profundo a la vez".

Kike de la Rubia es hijo de madre polaca, Anna Kaozlowska, que se ha encargado de la selección de los poemas, en versión de Abel Murcia y Gerardo Beltrán –traductores habituales de Wisława Szymborska–. La edición contiene además un prólogo de Juan Marqués, así como los textos originales en polaco.

Los poemas pertenecen a los libros publicados a partir de Llamando al Yeti (1957) hasta Fin y principio (1993), el último antes de que le concedieran el Premio Nobel. Wisława Szymborska nunca volvió a publicar los dos poemarios anteriores a 1957 ni incluyó sus poemas en las antologías. Eran libros que coincidían con su etapa de convencida comunista, muy alejados de la estética posterior de Szymborska.

Su postura crítica la llevó a abandonar el partido en 1966; sin embargo nunca consideró aquellos años totalmente perdidos: “Me dieron una resistencia ante cualquier tipo de doctrina que exime al hombre de la obligación de pensar por sí mismo”.

A Wisława Szymborska no le gustaba hablar o escribir sobre poesía. A través de sus escritos en la prensa sabemos que para ella la poesía da vida a las palabras, las que utilizamos en nuestras conversaciones cotidianas o las que permanecen guardadas en los diccionarios.

También sabemos que empezó escribiendo relatos cortos, para ella misma, y que estos relatos se fueron haciendo cada vez más cortos hasta convertirse en poemas. Muchos de ellos surgen de un hecho real, o una narración de algo posible o imposible. A partir de ahí, el poema va creándose y generando significados.

Así sucede en poemas como “Lectura”, “La estación de ferrocarril” o “Elogio de mi hermana”, en los que también aparece otro componente esencial de la poesía de Szymborska: el humor. Pero se trata de un humor muy serio. La alegre Wisława alguna vez dijo que necesitaba de tristeza y soledad para escribir.

Trabajaba sus poemas con la minuciosidad de una orfebre, una exquisita artesana. Sin embargo para ella el acto de crear era un enigma, y la poesía tenía la capacidad de despertar los poderes misteriosos que hay en cada objeto. Así en el poema “Prospecto”, un tranquilizante aparece como un demonio que nos tienta para que lo tomemos:

Sé qué hacer con la desgracia.
cómo sobrellevar una mala noticia,
disminuir la injusticia,
iluminar la ausencia de Dios,
escoger un sombrero de luto que quede bien con una cara.
A qué esperas,
confía en la piedad química.

Y en el poema “La habitación del suicida” cada objeto parece mostrarnos un secreto que nunca se llegará a desvelar:

No parecía que de este cuarto no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la ventana.

Las gafas para ver de lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.

El amor es un tema esencial en la poesía de Wisława Szymborska, sin caer nunca en el sentimentalismo. De su relación con el escritor Kornel Filipowicz surgen poemas como “Amor feliz”: “Que la gente que no conoce un amor feliz/ afirme que no existe un amor feliz en ningún sitio./ Con esa creencia le será más llevadero vivir, y también morir.

Tras la pérdida del ser amado, Szymborska escribirá poemas tan estremecedores como “Un gato en un piso vacío” o “Despedida de un paisaje”, en el que recuerda un lugar donde estuvieron y donde imagina que ahora están otros, “unos no nosotros”, contemplando el mismo paisaje:

Una cosa no acepto.
Volver a ese lugar.
Renuncio al privilegio
de la presencia.

Te he sobrevivido suficiente
y solo lo suficiente
como para recordar desde lejos.

En la obra de Szymborska aparece a menudo la casualidad, “esa forma menor del milagro”, como en el poema “Si acaso”, porque también le debemos a la casualidad la suerte de encontrar el gran amor de nuestra vida.

Como buena escéptica Wisława Szymborska pensaba que todo podía ser cuestionado. De este modo, en el poema “La mujer de Lot”, da voz a este personaje, prototipo de la mujer curiosa, castigada cruelmente por ello. Pero, ¿y si no hubiera mirado atrás por curiosidad? :

Por distracción: atándome el cordón de la sandalia.
Para ya no mirar la nuca justa
de mi marido Lot.
Por la seguridad repentina de que si yo muriera
él ni siquiera se detendría.
Por la desobediencia natural de los humildes.
Escuchando cómo nos perseguían.
Conmovida por el silencio, pensando que Dios cambiaría de idea.

Y la “utopía”, en el poema del mismo título, es una “isla en que todo se aclara”, donde “si hay alguna duda el viento la disipa”; sin embargo:

A pesar de sus encantos, la isla está desierta,
y las pequeñas huellas de pasos que se ven en sus orillas
se dirigen hacia el mar sin excepción.

La historia y el mundo en que vivimos son también temas esenciales en la obra de Wisława Szymborska, que vivió las épocas más terribles del siglo XX. Así lo reflejó en poemas como “Fin y principio” o “El ocaso del siglo”:

Nuestro siglo XX iba a ser mejor que los anteriores.
Ya no podrá demostrarlo,
tiene los años contados,
fatigada la respiración.
(…)
Dios iba al fin a creer en un hombre
bueno y fuerte,
pero el bueno y el fuerte
siguen siendo dos hombres diferentes.

El ser humano no ha dejado de destruir y matarse. En el poema “El odio”, escribe: “Miren qué buena condición sigue teniendo,/ qué bien se conserva/  en nuestro siglo el odio”.

Pero, por encima de todo, Wisława Szymborska era una poeta optimista y vital, consciente de que estamos aquí por un tiempo, y debemos permanecer despiertos, sentir la curiosidad ante lo que nos rodea, el asombro ante lo más insignificante. En el poema “Puede ser sin título” Szymborska nos recrea un momento, “un suceso banal/ que no pasará a la historia”. En un día soleado está sentada bajo un árbol a la orilla de un río:

Por alguna causa yo estoy aquí y miro.
Sobre mi cabeza una mariposa blanca aletea en el aire
con unas alas que son solamente suyas,
y una sombra sobrevuela mis manos,
no otra, no la de cualquiera, sino su propia sombra.

Ante una visión así, siempre me abandona la certeza
de que lo importante

es más importante que lo insignificante.


Publicado en:Tendencias 21

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