martes, 21 de julio de 2015

“Trastos, recuerdos, una biografía de Wisława Szymborska”

A Wisława Szymborska le gustó su biografía escrita por Anna Bikont y Joanna Szczęsna, y publicada por primera vez en 1997. Entre febrero y mayo de ese año la poeta había mantenido conversaciones con las autoras y les había facilitado las fotografías que guardaba “en sobres grises repartidos por los cajones”. Aquel material acabó convirtiéndose en el álbum fotográfico que ilustra el libro. El título, Trastos, Recuerdos, está tomado de uno de los poemas más famosos de Wisława, “Para escribir un currículum”:

Pasa por alto perros, gatos y pájaros,
trastos y recuerdos, amigos y sueños.

En una velada poética, en octubre de 2010, Wisława Szymborska (Kórnic, 2 de julio de 1923-Cracovia, 1 de febrero de 2012) había comentado: “Confesarse públicamente es como perder tu propia alma. Hay que guardar algo para uno. No puede derrocharse todo”. En otra ocasión les dijo a sus biógrafas:

Soy una persona muy chapada a la antigua que se resiste a hablar de sí misma. Aunque quizás sea, más bien, al contrario: soy vanguardista: ¿y si en épocas venideras la moda de desnudarse públicamente fuera cosa del pasado?

viernes, 3 de julio de 2015

"A tientas, hermano Kafka"

Cuando hace cuatro años inicié la aventura de este blog, pensé que era como arrojar al mar un mensaje dentro de una botella. No tenía un plan determinado, ni sabía acerca de qué iba a escribir, pero guardaba en los cajones cuadernos de lecturas, citas de libros con los que había mantenido un diálogo silencioso. Comenzaron a llegar nombres, palabras y recuerdos, entre ellos Montaigne, a quien le debo el título del blog. Sentí también deseos de regresar a Austerlitz, la novela de W. G. Sebald; el destino de Agáta Austerlitzová, madre del protagonista, me recordó a aquel que sufrieron las tres hermanas de Kafka a finales de 1941. Junto a Sebald, Kafka y su Cazador Gracchus comenzaron a navegar en la frágil embarcación de una página de internet.

Quería viajar a Praga; pensaba que el lugar que fue el escenario de la vida de Kafka guardaba algunas claves de su obra, algo que me ayudaría a comprender mejor a un autor que cada vez me resultaba más cercano y, a un tiempo, inaprensible. Pero lo que en un principio iba a ser una guía de viaje se convirtió en “Buscando la Praga de Kafka”, cinco entradas en las que los rincones de la ciudad y los paseos de Kafka me descubrían un matiz nuevo de su vida y su obra.

Y el mensaje dentro de una botella llegó hacia Arnoldo Liberman*, que por entonces escribía A tientas, hermano Kafka. Hoy tengo el libro entre mis manos. Lo abro y me encuentro en una cita y unos agradecimientos. Ahora soy yo la encargada de enviar un nuevo mensaje con todas esas citas de Arnoldo Liberman que lo hacen merecedor de ingresar en lo que un día llamé el Club de la Materia Kafkiana, al que pertenecen “todos aquellos que han escrito algo sobre Kafka, real o ficticio, con amor verdadero y no por tediosa erudición”.