domingo, 29 de noviembre de 2015

Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexievich

Cuando en octubre de 2015 se conoció la noticia de que se le había concedido el premio Nobel de Literatura a Svetlana Alexievich, Voces de Chernóbil. Crónica del futuro era el único libro de esta escritora bielorrusa que se había traducido al castellano. La editorial Debate acaba de publicar La guerra no tiene rostro de mujer (1985); y en diciembre saldrá a la venta El fin del “Homo sovieticus” (Editorial Acantilado).

Svetlana Alexievich (Unión Soviética, 1948) publicó Voces de Chernóbil en 1997, pero su versión definitiva es de 2006. Ese mismo año, con la traducción de Ricardo San Vicente, apareció en la Editorial Siglo XXI y en 2015 se ha reeditado en Debolsillo.

En el artículo “The Memory Keeper”, de Masha Gessen (The New Yorker, octubre 2015), hallamos algunas claves sobre la vida y la vocación literaria de Alexievich. Hija de maestros rurales, estudió periodismo en la Universidad Estatal de Minsk porque era lo más parecido a una escuela de escritura. Trabajaba en un periódico y escribía poesía, teatro y guiones.

domingo, 8 de noviembre de 2015

"Que concierne" de Julieta Valero

“Que el poema suceda como otras cosas de la vida”. De este modo se expresaba Julieta Valero en una entrevista con la escritora Yaiza Martínez. El poema, “hecho de vida y lenguaje”, genera un “espacio abierto, polisémico”; es el lugar donde se encuentran la poeta y sus lectores, el yo y los otros. Buscamos la significación, el sentido último, entre las múltiples sugerencias que se ramifican en cada lectura.

Cinco años separan Que concierne (Vaso Roto Ediciones, 2015) de Autoría (DVD, Ediciones, 2010), el anterior libro de Julieta Valero. Que concierne es un poemario de asombrosa intensidad. Gestado lentamente, cada poema parece construido como un objeto autónomo que, a su vez, va conformando la estructura final del libro.

Julieta Valero entiende la poesía como una búsqueda artística y vital. El poema surge como una revelación, fruto del “cotidiano extrañamiento”. Pero la poesía no existe sin la imaginación, ese terreno libre y peligroso donde el lenguaje se despoja de ataduras: “Nos asista la imaginación”, leemos en el verso final del poema “Esa roca”.