domingo, 11 de diciembre de 2016

"Entre actos", de Virginia Woolf

Entre actos (1941) fue la última novela de Virginia Woolf. La escribió al final de su vida, coincidiendo con un periodo de intensa actividad y con la Segunda Guerra Mundial como escenario vital e histórico. A pesar del agotamiento, Virginia luchaba contra la amenaza de recaer en una crisis de su enfermedad.

Un hilo misterioso recorre Entre actos, enlazando las conversaciones, los pensamientos,  cada matiz de las palabras. Todo parece estar hecho de una materia ligera, como si los personajes flotaran en aquel ambiente, como si vivieran en un sueño. Subyace un aire melancólico, en el que no cabe la queja o el reproche, sino la aceptación estoica. Al igual que en La tempestad, la última obra de Shakespeare, aparece el teatro dentro del teatro hasta llegar a la escena final cuando se abre un nuevo telón, una representación de la que ya los lectores no seremos testigos.

lunes, 28 de noviembre de 2016

"Diario ínfimo", de Mercedes Roffé

Cada poema de Diario ínfimo (Isla de Siltolá, 2016), de Mercedes Roffé, lleva una fecha exacta, un lugar en el calendario, en el tiempo. La poesía sucede paralela al acontecer diario y se impregna de esos días, de lo que ocurre dentro y fuera de nosotros.

El adjetivo “ínfimo” nos sugiere una nota al margen, como si las palabras adquirieran la función de una frase aclaratoria. Pero no es ese su objetivo, sino el de indagar a través de las múltiples vías por las que transcurre el pensamiento y la intuición poética.

El libro se inicia con un “pero”, un obstáculo, un desdecir. Es el “pero” que inmoviliza –“un no/ una forma de no/ de doblegar/ de hundirse”–, que detiene lo que discurre y que a su vez genera un nuevo afluente.

lunes, 31 de octubre de 2016

“La hija del optimista”, de Eudora Welty

La idea de morir no es más extraña que la idea de vivir. Pero sobrevivir a alguien es quizás la idea más extraña de todas.
                                   
                             Eudora Welty, La hija del optimista


En 2009 se cumplía el centenario del nacimiento de Eudora Welty (Jackson, Misisipi 1909-2001), y la editorial Impedimenta lo celebraba con la primera edición en castellano de La hija del optimista, novela que había obtenido el premio Pulitzer en 1973. El argumento es una historia sencilla, cotidiana: la enfermedad de un padre, la muerte, la aceptación del paso del tiempo, la conciencia de nuestra propia vida, la aventura de conocernos a nosotros mismos.

La novela se desarrolla en la década de los 50. El señor Mckelva, un juez retirado de 71 años, ha viajado a Nueva Orleans desde Mount Salas, una pequeña localidad de Misisipi. El motivo del viaje es visitar al doctor Courtand, antiguo vecino al que el juez había ayudado para que acabara su carrera. Acompañan al juez su hija Laurel, de unos 45 años, y su segunda esposa, Fay, algo más joven.

viernes, 21 de octubre de 2016

“El silbato”: leyendo a Eudora Welty

Bottle trees, Fotografía de Eudora Welty.
En The Eudora Welty Foundation
Una cortina de follaje (1941) reunía los primeros relatos de Eudora Welty (Jackson, Misisipi 1909-2001), por entonces una joven fotógrafa y escritora de una extraordinaria sensibilidad. El libro recibió el elogio de su admirado William Faulkner. Eudora Welty reflejaba en su obra el mundo del Sur, de la América profunda, durante la época de la Gran Depresión.

En algunos relatos los personajes hablan sin cesar y en ese parloteo vamos conociendo algo de sus vidas. En otras historias, en cambio, predomina un silencio pesado e inquietante. El lector intuye que cuando ese silencio se rompa puede que se desvele algún misterio o que este quede oculto para siempre, en el terreno de lo que no se ve, lo que no se oye, pero está ahí, respirando con nosotros.

jueves, 25 de agosto de 2016

"Después de la oscuridad", de Marta López Luaces

Después de la oscuridad (Pre-Textos, 2016) es el último libro de la poeta, narradora y ensayista Marta López Luaces (A Coruña, 1964). Se trata de un largo poema dividido en cinco secciones: Agua, Tierra, Fuego, Aire y Quark, en las que la autora indaga en la relación entre la poesía, la filosofía y la ciencia, y poetiza sobre el papel del poeta en la sociedad a lo largo de historia, desde Grecia hasta el día de hoy.

Marta López Luaces reside en Nueva York desde los dieciséis años. Allí realiza sus estudios, obtiene el doctorado en Filosofía y trabaja como profesora de literatura española e hispanoamericana en Montclair State University.

Su obra, coherente y original, es fruto de esa confluencia de tradiciones, de ese vivir en dos mundos distintos, aunque, como ella misma dice, la escritura es su único mundo, el lugar donde verdaderamente se siente a gusto.

domingo, 17 de julio de 2016

"Marta & María" de María Victoria Atencia y "Los cuerpos oscuros" de Juana Castro inauguran la Colección Genialogías


Para escribir acerca de esta nueva edición de los libros Marta & María de María Victoria Atencia y Los cuerpos oscuros de Juana Castro habría que empezar contando la historia de un proyecto que se gesta en octubre de 2013, cuando se celebra en Madrid la reunión “Genialogías: XI Encuentro entre mujeres poetas”.

Cada seis meses se han seguido manteniendo reuniones y en 2015 se crea la Asociación Genialogías de poetas mujeres, con un plan de trabajo muy concreto y con objetivos bien definidos. Uno de ellos es el de “recuperar las voces de aquellas mujeres poetas de nuestro país cuyos nombres han quedado a la sombra”.

En colaboración con la Editorial Tigres de Papel toma forma el proyecto de la Colección Genialogías, en la que se reeditarán obras esenciales de las más relevantes poetas españolas de los siglos XX y XXI, libros que ahora se encuentran agotados y que son de difícil acceso para lectores y estudiosos de la literatura. Es necesario recuperar esa memoria poética que corre el riesgo de perderse; una memoria viva, que debe ocupar el lugar que le pertenece en el canon literario.

Con la aparición, en marzo de 2016, de Marta & María, de María Victoria Atencia (Málaga, 1931) y Los cuerpos oscuros, de Juana Castro (Villanueva de Córdoba, 1945) –los dos primeros libros de la Colección Genialogías–, el proyecto se ha convertido en una realidad.

lunes, 13 de junio de 2016

"La nada que parpadea", de Yaiza Martínez

El primer enigma que nos plantea Yaiza Martínez en su libro La nada que parpadea (Ediciones La Palma, 2016) aparece ya en el título. Conforme avancemos en su lectura los poemas irán desvelando la naturaleza de esa imagen.

Entendemos la nada como el vacío, la ausencia de cualquier elemento, la insignificancia. El parpadeo es un instante, un movimiento rápido de los ojos, de una pantalla de televisión, de una estrella. Pero, como el aleteo de la mariposa, un ligero movimiento puede cambiar el curso del relato.

Dos símbolos centrales vertebran el libro: el mercurio –en su doble acepción de dios o metal–, y el laberinto. ¿Queremos llegar al centro o salir del laberinto? La mente y el universo son también laberintos; la palabra crea el laberinto y a la vez la salida: “lo que se dice hay”.

domingo, 8 de mayo de 2016

Unamuno en "La isla del viento"

Si alguien busca en el Diccionario de la Real Academia Española el significado de la palabra “cocotología”, encontrará esta definición: “Del fr. cocotte “pajarita de papel” y –logía, término acuñado por Miguel de Unamuno”. “Arte de hacer pajaritas de papel”.

Una pajarita de papel se convierte en el hilo que ensarta la historia de La isla del viento*, el primer largometraje de ficción de Manuel Menchón (Málaga, 1977), director de cine que pertenece a una generación nacida ya en democracia. El nombre de Miguel de Unamuno (1864-1936) está asociado a sus recuerdos de instituto, cuando le obligaban a leer alguna de sus novelas. Para unos las obras de Unamuno eran aburridas lecturas obligatorias; para otros, tenían mucho que ver con sus dudas y anhelos juveniles.

viernes, 18 de marzo de 2016

“Dos años, ocho meses y veintiocho noches” en Lucena


Nosotros, por nuestra parte, nos llamamos a nosotros mismos simplemente «nosotros». «Nosotros» somos la criatura que se cuenta historias a sí misma para entender qué clase de criatura es.
                                      Salman Rushdie, Dos años, ocho meses y veintiocho noches

Dos años, ocho meses y veintiocho noches, es decir, mil y una noches, fue el tiempo que tardó en crearse una dinastía a la que su patriarca, Ibn Rushd, bautizó como Duniazada, “la gente del mundo”, en honor a Duniazar, la hermana de la famosa protagonista de Hazar Afsané, Sherezade.

Así lo relatan las crónicas futuras mil ochocientos años después. Historia o mitología, tal vez sueño o leyenda, lo cierto es que los hechos se transmitieron de boca en boca y en muchas versiones: “Algunos lo llamamos cuento de hadas. Pero en una cosa estamos todos de acuerdo: contar una historia del pasado comporta también contar una historia del presente”, dice el cronista.

miércoles, 17 de febrero de 2016

El fin del “Homo sovieticus” de Svetlana Aleksiévich


Vivimos un tiempo de segunda mano; esa es la idea que vertebra El fin del “Homo sovieticus” (Acantilado, 2015) de la escritora bielorrusa Svetlana Aleksiévich. Tiempo de segunda mano: el fin del hombre rojo sería la traducción literal del título.

En su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, Svetlana Aleksiévich (Unión Soviética, 1948) se refería a esta metáfora: el momento actual  es “un tiempo de segunda mano” porque no hemos sido capaces de crear algo nuevo y el miedo ha sustituido a la esperanza. Nos sentimos en peligro, en situación de riesgo; el miedo forma parte de nuestras vidas.

Si bien Rusia y los otros estados que conformaban la URSS poseen una historia, una geografía y unas circunstancias concretas, no debemos olvidar que todos vivimos en el mismo pequeño planeta Tierra y que, como nos recuerda Aleksiévich, sería un peligroso error desdeñar la experiencia del sufrimiento de otros pueblos.

sábado, 2 de enero de 2016

Alice Munro visita a Horacio

Cuando a finales del siglo I a. C. el poeta Quinto Horacio Flaco escribió la composición número 11, del Libro primero de sus Odas, no podía imaginar el destino que aguardaba a esas palabras dirigidas a una tal Leucónoe:  Tu ne quaesieris, scire nefas, quem mihi, quem tibi/ finem di dederint...[1] En el último verso de la oda, una simple exhortación: carpe diem, disfruta –cosecha– el día, se convertiría en uno de los tópicos más famosos de la literatura y en un monumento de la cultura universal.


La literatura culta y la sabiduría popular se unieron en esta frase en la que una lengua, de las que hemos llamado muertas, sigue permaneciendo viva.