martes, 5 de diciembre de 2017

Montaigne en Roma

"Su ruina misma está llena de gloria y de pompa". (Montaigne, La vanidad)
Aun las cosas presentes las poseemos sólo con la fantasía. Dado que me encuentro inútil para este siglo, me entrego a aquel otro; y me embelesa tanto, que el estado de la vieja Roma, libre, justa y floreciente —porque no amo ni su nacimiento ni su vejez— me importa y apasiona. (…). ¿Se debe a la naturaleza, o a un error de la fantasía, que la contemplación de los sitios que sabemos fueron frecuentados y habitados por personas cuya memoria tenemos en estima, nos conmueva en cierto modo más que escuchar el relato de sus acciones o que leer sus escritos?
                                                                  Michel de Montaigne, La vanidad

El viaje de Michel de Montaigne por Alemania, Suiza e Italia debía culminar con la llegada a Roma, lugar imaginado y a la vez familiar. Pero, ¿cómo sería Roma?, ¿cumpliría todas las expectativas? Montaigne quien, sometido a un curioso experimento, aprendió latín antes que la lengua francesa, temía que Roma lo defraudase. Por ello su secretario anotó:
Y en cuanto a Roma, adonde los demás ansiaban ir, él deseaba verla menos que otros lugares, pues todo el mundo la conocía. (...). Decía también que le parecía ser igual que esos que leen algún cuento muy placentero, o un hermoso libro, y tienen miedo de que llegue pronto el final.

Llegaron, “a las veinte horas del último día de noviembre,
 festividad de San Andrés, a la puerta del Popolo”
Sin embargo, el señor de Montaigne, cuando ya se hallaba cerca de Roma, no pudo disimular su nerviosismo. En la jornada final se levantaron “tres horas antes de amanecer, tantos eran los deseos que tenía de pisar el suelo de Roma”. Llegaron, “a las veinte horas del último día de noviembre (de 1580), festividad de San Andrés, a la puerta del Popolo”. Al entrar en Roma le confiscaron sus Ensayos y otros libros para que los examinaran los censores de la Inquisición. No se los devolvieron hasta marzo, con una llamada de atención por utilizar demasiado la palabra “fortuna” y por mencionar a poetas heréticos.

lunes, 27 de noviembre de 2017

"Diario de viaje a Italia", de Michel de Montaigne

Monteriggioni. La Toscana

No porque lo dijera Sócrates, sino porque en verdad es mi inclinación, y acaso no sin algún exceso considero a todos los hombres compatriotas míos, y abrazo a un polaco como a un francés, posponiendo el lazo nacional al universal y común.
                  
                                                                     Michel de Montaigne, La vanidad

El largo viaje de Montaigne por tierras de Alemania, Suiza e Italia duró diecisiete meses y ocho días. Marchó de su castillo el 22 junio de 1580  y no regresó hasta el 30 de noviembre de 1581. El lunes 5 de septiembre de 1580 Montaigne comenzó a llevar un diario en el que anotaba los lugares por donde iba pasando y todo lo digno de ser recordado. Esta “hermosa tarea”, aunque algo molesta, era el cometido de uno de los hombres que lo acompañaban, un secretario encargado de escribir lo que le indicaba su señor, unas veces al dictado, otras incluyendo detalles y expresiones que consideraba del gusto de Montaigne.

A mediados de febrero de 1581, el secretario se despide y es Montaigne quien  prosigue con la tarea. Quizás más tarde estas anotaciones le servirían para escribir algo nuevo, o para introducir modificaciones en los Ensayos, cuya primera edición se había publicado en 1580, con gran éxito de ventas y mayor fama para su autor. El 13 de mayo de 1581, hallándose en la Toscana, Montaigne se atreve a escribir sus notas en italiano: “Parlar un poco questa altra lingua”. Al fin y al cabo se trataba de unos escritos privados, que no pensaba publicar.

Tras su muerte, en 1592, aquellos papeles se quedaron guardados en un arcón y durante casi dos siglos, Michel de Montaigne siguió siendo el autor de un admirable libro único: sus Ensayos.

jueves, 12 de octubre de 2017

Cómo vivir. Una vida con Montaigne

Hay más quehacer en interpretar las interpretaciones que en interpretar las cosas, y más libros sobre los libros que sobre otro tema: no hacemos sino glosarnos los unos a los otros. 
         (Montaigne, “De la experiencia”)


La lectura de Montaigne puede cambiarnos la vida. Esta idea se ha convertido en un lugar común, y en cierta medida estoy de acuerdo con ella, algo cambia. Cuando repaso mis anotaciones de la primera vez que leí los Ensayos redescubro la sensación de que Montaigne sabía algo de mí y por eso me estaba diciendo lo que yo necesitaba, invitándome a participar en un diálogo que aún no ha concluido.

A menudo Montaigne se refiere a lo que él llama uno de sus defectos: la falta de memoria: “Las veces que me he confiado y entregado por entero a mi memoria, dependo tanto de ella que la abrumo; se asusta de su responsabilidad”, escribe en el capítulo IX del tercer libro. Todo lo olvida y ha de anotar lo que quiere conservar en el recuerdo. Sin memoria no es posible la ciencia, por eso él dice ir de un lado para otro en sus escritos. Su vida es su propio libro y en él se diseminan citas, ejemplos y recuerdos.  La vida se nos presenta en toda su complejidad, como si cada línea fuese un bisturí que disecciona al ser humano. Montaigne nos convierte en múltiples y poliédricos.

miércoles, 19 de julio de 2017

Stendhal y sus "Paseos por Roma"

Siempre me han gustado los libros de viaje y los mapas. Disfruto hojeando guías, buscando lugares en google o trazando líneas en el plano de una ciudad. La preparación de un viaje es un placer en sí mismo. Cuando no podemos viajar con la realidad lo hacemos con la imaginación.

Este vicio lo comparto con José Trapiello, Pipo, dueño de Librería Juan de Mairena. Hace unas semanas le comenté que quería viajar por Italia a través de Montaigne y Stendhal. Pipo decidió acompañarme y pidió a la distribuidora dos ejemplares de la edición del Diario de viaje a Italia de Montaigne. Sin embargo, cuando comenzó a buscar los Paseos por Roma de Stendhal, mi librero encontró una página de Internet en la que el libro había alcanzado un precio treinta veces superior a los diez euros en los que había salido a la venta. Se trataba de una primera edición ya descatalogada.

Mientras Pipo atendía a otros clientes, aproveché para mirar las estanterías repletas de libros que no habían sido comprados y que permanecían durante años en los anaqueles esperando a algún lector. Cuando llegué a la “s” lo vi: eran los Paseos por Roma de Stendhal, en la primera edición de 2007. Estaba nuevo, sin haber sido dañado, a pesar de ser una edición de bolsillo. Por supuesto mi librero me lo vendió a su precio original, con un pequeño descuento.

jueves, 6 de abril de 2017

Stein, Hemingway, Woolf y la generación perdida


Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará, 
vayas adonde vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue.
De una carta de Ernest Hemingway a un amigo (1950)

Imaginemos a Ernest Hemingway un día de 1933, cuando cae en sus manos la Autobiografía de Alice B. Toklas y lee las páginas que Gertrude Stein le dedica. El gran escritor y creador de un personaje único: él mismo, debió de sentirse bastante enfurecido con su autora.

A través de Alice, Stein –creadora también de otro gran personaje: ella misma– había hecho un malicioso retrato de Hemingway. El escritor había sido muy bien recibido en el 27 de la rue de Fleurus, cuando llegó siendo un atractivo y ambicioso joven. Hemingway y Stein conversaban mucho sobre la vida y el arte; ella le daba consejos: “Hay mucha descripción aquí, y descripción no demasiado buena. Vuelva a empezar y escriba con más cuidado”.

miércoles, 15 de marzo de 2017

"Autobiografía de Alice B. Toklas" I (Una rosa es una rosa es)

En 1933 Gertrude Stein (Alleghany, 1874-Neuilly-sur-Seine, 1946) publica la Autobiografía de Alice B. Toklas, con la que alcanza el éxito comercial y el reconocimiento del público. En esta obra abandona sus experimentos literarios y desciende a niveles más populares, del gusto de los lectores. Sin embargo, Stein había utilizado una técnica innovadora: había escrito su propia autobiografía valiéndose de la voz de Alice B. Toklas (San Francisco, 1877- París, 1967), su compañera desde hacía veinticinco años.

Este original recurso le permite a Stein escribir acerca de ella misma sin ahorrarse elogios y, al mismo tiempo, inmortalizar a su querida amiga Alice B Toklas. Pero que nadie espere encontrar algún chisme acerca de la relación amorosa entre ellas. Solo sabremos que se convierten en inseparables y que Alice admira profundamente a Gertrude. En cuanto al inicio de la convivencia, Alice se limita a decir:

Cuando llegué a París por vez primera, una amiga que me acompañaba y yo nos alojamos en un hotelito del Boulevard Saint-Michel, y luego alquilamos una vivienda en la rue Notre-Dame des Champs, y luego mi amiga regresó a California, y yo fui a vivir con Gertrude Stein en la rue de Fleurus.

lunes, 6 de febrero de 2017

"Manual para mujeres de la limpieza", de Lucia Berlin

Manual para mujeres de la limpieza (Alfaguara, 2016) reúne 43 de los 77 relatos que publicó Lucia Berlin a lo largo de su vida. El tono autobiográfico de buena parte de estas narraciones ha convertido a su autora en una heroína a medio camino entre los personajes del atormentado Dostoievski y los del distante y humano Chejov.

La vida de Lucia Berlin (1936 - 2004) se desarrolló por diferentes lugares. Nació en Alaska, donde su padre trabajaba como ingeniero de minas, y vivió su primera infancia en pueblos mineros de Idaho, Kentucky y Montana. En 1941 su padre marchó a la guerra y Lucia, su hermana y su madre se fueron a vivir con sus abuelos a El Paso. Lucia Berlin padecía escoliosis y tuvo que llevar de niña un corsé ortopédico.

Su adolescencia transcurrió en Santiago de Chile, donde pertenecía a la élite norteamericana. Estudió en la Universidad de Nuevo México y fue alumna de Ramón J. Sender. A los 17 años se casó con un escultor y tuvo dos hijos. Antes de que naciera el segundo, su marido ya la había abandonado por el arte. En 1958 se casó con un pianista y se trasladó a Nueva York. Dos años después se marchó con su amigo Buddy Berlin a México, se casó con él y tuvo dos hijos, pero en 1968 se divorcian. El señor Berlin era un adicto a la heroína

miércoles, 18 de enero de 2017

“¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?”, de Jeanette Winterson

¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? (Lumen, 2012), de Jeanette Winterson podría parecer un manual de autoayuda, pero no lo es; aunque para su autora la escritura de este libro se convirtió en una terapia, una forma de reconciliarse con la historia de su vida.

De Jeanette Winterson había leído hacía mucho tiempo La pasión; me atrajo profundamente y pensaba volver algún día a esta escritora. Cuando hace unos meses cayó en mis manos ¿Por qué ser feliz cuando se puede ser normal? me dije que, aunque solo fuera por el título, merecía la pena visitar a Winterson. Y no me defraudó.

Jeanette Winterson es capaz de escribir acerca de sus complicadas circunstancias vitales con inteligencia, humor y una enorme fuerza narrativa. De este modo, ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? cumple fielmente el tópico lector de “nada más comenzar la primera página no podemos abandonarlo”. Winterson sabe moverse por el terreno de la metáfora y las comparaciones que fluyen de modo natural en una prosa ágil y aparentemente sencilla. Es el estilo el que construye la genial recreación de la señora Winterson, como recién salida de una novela de Dickens.

lunes, 2 de enero de 2017

"Brindis" (sobre un cuadro de Germán Bandera)

"Brindis" de Germán Bandera
Óleo sobre lienzo, (Ø 143)

Brindis

Pesar el tiempo, medirlo,
contarlo:
doce segundos, doce campanadas,
doce uvas,
un anillo nada en el champán,
la espuma rebosa en las copas.

Reímos, nos buscamos, nos besamos.
Pensamos: es hermoso estar aquí
reunidos,
en este lugar del tiempo.´

C. A.


Con este cuadro de Germán Bandera, una celebración de la vida, os deseo todo lo mejor para el 2017