jueves, 6 de abril de 2017

Stein, Hemingway, Woolf y la generación perdida


Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará, 
vayas adonde vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue.
De una carta de Ernest Hemingway a un amigo (1950)

Imaginemos a Ernest Hemingway un día de 1933, cuando cae en sus manos la Autobiografía de Alice B. Toklas y lee las páginas que Gertrude Stein le dedica. El gran escritor y creador de un personaje único: él mismo, debió de sentirse bastante enfurecido con su autora.

A través de Alice, Stein –creadora también de otro gran personaje: ella misma– había hecho un malicioso retrato de Hemingway. El escritor había sido muy bien recibido en el 27 de la rue de Fleurus, cuando llegó siendo un atractivo y ambicioso joven. Hemingway y Stein conversaban mucho sobre la vida y el arte; ella le daba consejos: “Hay mucha descripción aquí, y descripción no demasiado buena. Vuelva a empezar y escriba con más cuidado”.