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La casa del Bloomsday

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  La casa de los Cousin, amigos de Joyce, donde donde este tuvo que trasladarse entre el 15 y 16 de junio de 1904, hasta que consiguiera dinero para pagar los atrasos del alquiler de su habitación en Shelbourne Road. En los casi veintitrés años que James Joyce vivió en Dublín residió en tantos domicilios que podemos recorrer la ciudad, y otros lugares cercanos, siguiendo el rastro de las mudanzas familiares. Cada traslado significaba un paso más hacia la ruina. La muerte de la madre de Joyce, en agosto de 1903, sumió a la familia en el caos. A pesar de que la vida era un auténtico desastre, Joyce escribía e intentaba conseguir una ocupación que le permitiera ganar dinero. También se convirtió en un experto en dar sablazos. En James Joyce , (Anagrama,1991) con un sentido del humor que convierte esta biografía en una pequeña joya literaria, escribe Richard Ellmann: Entre los súbitos accesos de actividad creadora, Joyce contribuyó a engrosar los anales familiares de borracheras, vag

“Cosas pequeñas como esas”, de Claire Keegan

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La primera vez que leí algo acerca de Claire Keegan (Condado de Wicklow, Irlanda, 1968) fue en la novela Dublinesca , de Enrique Vila-Matas, en la que el protagonista, un editor, recuerda haber visto en la Feria del Libro de Guanajuato a algunos escritores irlandeses:  En una rueda de prensa, Claire Keegan contestó de forma casi airada a un periodista que quería averiguar qué temas tocaba en sus novelas: “Soy irlandesa. Escribo sobre familias disfuncionales, vidas miserables carentes de amor, enfermedad, vejez, el invierno, el clima gris, el aburrimiento y la lluvia”. Este verano, en una librería de Dublín, encontré los tres libros que Claire Keegan había publicado hasta entonces. Ocupaban un lugar destacado en las estanterías. Después de leer las sinopsis, decidí comprar Walk the Blue Fields . Era un regalo para mi hija. Yo tendría que conformarme con buscar traducciones. A principios de diciembre leí “Un estremecedor cuento de Navidad”, una reseña de la escritora argentina Xim

Pío Baroja en “Desde la última vuelta del camino” III: galería de escritores y gustos literarios

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Se ha dicho, a veces, que sobre Pío Baroja planea una leyenda negra, lo que ha provocado que el escritor no gozase de la consideración merecida. No obstante, Baroja está presente en los planes de estudio y ocupa un lugar de honor en el canon de la literatura española. A Baroja no le hacía falta que nadie le creara una leyenda negra, porque él se bastaba solo para ello. En sus memorias, Desde la última vuelta del camino , Baroja retrató de forma meticulosa al personaje que había llegado a ser. De sus opiniones acerca de la literatura española de su época se podría deducir que o bien la mayoría de sus contemporáneos eran malos o mediocres escritores, o bien personas de poca grandeza moral. Resulta curioso que Baroja no mencionase la obra de escritores de la Generación del 27 que compartieron con él la denominada Edad de Plata de la literatura española, y aún más cuando don Pío no tenía ningún problema en mostrar sus fobias y sus filias abiertamente. En Galería de tipos de la époc

Un verano con James Joyce: un nuevo blog

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Un auténtico pub "James Joyce"   “Good puzzle would be cross Dublin  without passing a pub”, escribe James Joyce en el capítulo cuarto de   Ulises . La frase es una reflexión de Leopold Bloom, el protagonista, cuando por la mañana se dirige a comprar su desayuno, dobla hacia la calle Dorset y pasa por la taberna de Larry O’Rourke, a quien saluda amablemente, mientras piensa en cómo se enriquecen algunos taberneros: ¿De dónde sacan el dinero? Llegan acá, mozos pelirrojos del condado de Leitrim, enjuagando los cascos vacíos y echando los fondos en la bodega. Y luego míralos ahí, florecen (…). Además piensa en la competencia. Sed universal. Buen rompecabezas sería cruzar Dublín sin pasar por delante de una taberna. Ahorrarlo no pueden. Se lo sacan a los borrachos, quizá. Ponen tres y sacan cinco. ¿Qué es eso? Un chelín acá y allá, rebañando. Quizás en los pedidos al por mayor. Haciendo el doble juego con los corredores en plaza. Cuádralo con el jefe y nos partimos el trabajo, ¿e

Chéjov. “Errand” o “Tres rosas amarillas”

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  El 17 de enero de 1904 la compañía del Teatro de Arte de Moscú estrenó  El jardín de los cerezos . Al final de la obra, y entre grandes aplausos, Antón Chéjov subió al escenario para saludar; el público quedó sobrecogido al ver la debilidad y el deterioro físico del escritor. El 29 de enero Chéjov cumplía cuarenta y cuatro años y seis meses después moriría en   Badenweiler, Alemania.   Su mujer, la actriz Olga Knipper, recordaba aquella noche del estreno:   “Parecería que la suerte hubiese decidido mimarlo por esta vez y concederle, por un corto tiempo, todo lo que él quería… Moscú, el invierno, el teatro”. Según Konstantin Stanislavski, cofundador del Teatro de Arte, aquel día de triunfo tuvo cierto “aire de funeral”.   A Chéjov le supuso un esfuerzo enorme escribir  El jardín de los cerezos ; apenas avanzaba unas líneas al día. Si se encontraba en Yalta, pensaba que necesitaba Moscú para concentrarse; pero en Moscú hacía demasiado frío. Tampoco los médicos se ponían de acuerdo acer

'La era del capitalismo de la vigilancia', de Shoshana Zuboff

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  «Trazar el mapa de un territorio inexplorado», este es uno de los objetivos que Shoshana Zuboff pretende conseguir con su libro   The Age of Surveillance Capitalism , publicado en Estados Unidos, en enero de 2019. Combinando los métodos de una científica social con los de una ensayista, Zuboff lleva a cabo un exhaustivo trabajo de investigación, a la vez que elabora un ensayo personal en el que aporta su propia experiencia como ser humano que analiza una nueva realidad y reflexiona acerca de ella.    Casi dos años después, en septiembre de 2020, la editorial Paidós ha publicado la traducción al español:  La era del capitalismo de la vigilancia. La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder . En este lapso han sucedido demasiadas cosas que no tenían precedentes y que han cambiado nuestra forma de relacionarnos. Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google, escribió en una ocasión que «casi nada, a excepción de un virus biológico, puede aumentar de escala con la

"La bella extranjera. Praga y el desarraigo", de Monika Zgustova

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La bella extranjera. Praga y el desarraigo es un libro de tamaño pequeño, manejable, cuidadosamente editado. Pero en esas 120 páginas se sintetiza más de un siglo de historia y de literatura. Monika Zgustova  ha reunido ensayos y artículos con los que recorremos las calles de Praga, la ciudad donde ella nació, y que tuvo que abandonar tras el “naufragio de la Primavera”. Era solo una niña cuando vio cómo los tanques rusos “bajaban con enorme estrépito” por la avenida donde vivía: En la ciudad de Kafka –y de Odradek–, el tema del desarraigo fue esencial para toda la pléyade de grandes escritores. A todos esos autores les tocó vivir la marginación que uno experimenta en el totalitarismo cuando se opone a él. La marginación y la culpa por ser diferente. Por las páginas de La bella extranjera pasean Milena y Kafka, Marina Tsvetáieva (la poeta exiliada rusa, enamorada de Praga) y Boumil Hrabal, Václav Havel y Milan Kundera… Y autores más jóvenes como Radka Denemarková, quien escribe: “Sol