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Mostrando entradas de enero, 2012

"Libertad" y el canto cerúleo de la BlackBerry

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Ser buena persona. Este es el anhelo de Patty, la protagonista femenina de Libertad de Jonathan Franzen. Pero Patty, que aparece descrita en la novela como " una alegre portadora de polen sociocultural, una abeja afable", posee un carácter competitivo y esto, unido a su tendencia a cometer errores, la alejará de ese ideal de persona encarnado por Walter, su marido. Libertad se editó en España precedida por un enorme éxito en Estados Unidos. Aplaudida por la crítica y el público norteamericanos, con unas cifras de ventas apabullantes, Libertad es “la gran novela americana del siglo XXI” y Jonathan Franzen “el mejor escritor norteamericano vivo”, así como un “revolucionario de la novela”. Según algunos críticos Libertad es “una fiesta narrativa” y un análisis del momento en que vivimos; es decir, del espíritu de nuestro tiempo. La novela nos muestra cómo somos y responde a la pregunta “cómo vivir”. Franzen explica en  una entrevista por qué eligió el título de Libert

Cazando al cazador Gracchus

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  Demasiado tarde. La dulzura de las penas y del amor. Que ella me sonriese a mí en la barca. Eso era lo más bello de todo. El deseo constante de morir, y el de seguir resistiendo, solo eso es amor.                                              Kafka, Diarios , 22 de octubre de 1913 Imagen de Bodleian  Libraries: P ostal que Kafka envía a su hermana Ottla en septiembre de 1913 El 21 de agosto de 1913, como un esbozo de carta para el padre de Felice, Frank Kafka escribía en su diario: “Dado que yo no soy nada más que literatura y no puedo ni quiero ser nada más que eso, mi empleo no podrá atraerme nunca, aunque sí pueda destrozarme completamente. (…) Todo lo que no es literatura me aburre y lo odio, pues me molesta o me estorba, aunque solo sea en mi imaginación. (…) Un matrimonio no podría cambiarme, de igual forma que mi empleo no puede cambiarme”. Kafka atravesaba la primera gran crisis en su relación con Felice Bauer y lo que ella representaba: atender a las obliga

La Nochebuena se va

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Fotografía de Inmaculada Gutiérrez López. Su precioso regalo de Año Nuevo Nunca me gustó la Navidad y todo lo que rodeaba ese ambiente festivo de pandereta, zambomba y canción de Coca-Cola alrededor del árbol de la paz, cuyas luces se encendían al compás de la música. Por no hablar del "vuelve a casa, vuelve" de un anuncio de turrón. A mi abuela se le saltaban las lágrimas con aquello, demasiado triste en un pueblo de emigrantes esparcidos por las grandes ciudades industriales de Europa y España. No me gustaba la Navidad porque había que ser feliz a toda costa y a mí no me consolaba ni el villancico más escatológico cantado a voz en grito, después de mi primera copita de Marie Brizard o Licor 43. Con el tiempo llegué a odiar estas fiestas "sin saberlo", como decía Juan Ramón. Nunca me comí las doce uvas al ritmo de las doce campanadas. Mi temor a atragantarme era superior a una superstición tan tonta como otra cualquiera. Aun así soportaba estoicamente la e