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Mostrando entradas de 2013

Kafka y el Club de la Materia Kafkiana

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Excitantes estatuas de santos en el puente de Carlos IV. La notable luz vespertina del verano en el vacío nocturno del puente. Kafka, Diarios , 19 de junio de 1916   El domingo 21 de noviembre de 1915, después de una noche de “particular insomnio” y de un día de “completa inutilidad”, el Doctor Kafka escribe en su diario: Paseo, Hybernergasse, Stadtpark, Wenzelsplatz, Ferdinandstrasse, luego hacia Podol. Penosamente alargado a dos horas. He sentido de vez en cuando fuertes dolores de cabeza, en una ocasión casi como quemaduras. Cena. Ahora en casa. ¿Quién sería capaz de ver esto desde arriba, del principio al fin, con los ojos abiertos?   Sin embargo, en el sueño, los hechos habían ocurrido de manera bien distinta.

Kafka pasea por Praga

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Durante la época de verano, Franz Kafka nadaba en la piscina de la Escuela Civil de Natación , instalada en la rivera, bajo la colina del Belvedere. Otra de sus aficiones era remar "en el mejor de los estilos" por el Moldava; acerca de ello le escribió a Milena Jesenská : Hace algunos años yo solía pasear frecuentemente por el Moldava, en canoa, remaba aguas arriba y luego me dejaba llevar por la corriente, acostado bajo el puente. Considerando mi delgadez, debe haber sido un espectáculo bastante cómico para los que estaban en el puente. Este empleado [de su oficina], que justamente me vio una vez desde allí, sintetizó de este modo su impresión, después de hacer resaltar suficientemente el aspecto cómico de la misma: le había parecido una escena previa al Juicio Final: el momento en que ya levantaban las lápidas de las tumbas, peros los muertos seguían acostados e inmóviles.

La carta que el padre de Kafka nunca leyó

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Voy vagando como un niño por los bosques de la edad adulta. Franz Kafka. (De una carta a Max Brod) Buscando la Praga de Kafka, IV Una tarde, mientras paseaba por el Belvedere –aún no habían salido las estrellas–, Franz Kafka soñó con una carta que nunca había llegado a su destino. La había escrito en noviembre de 1919 en una pensión de Schelesen y estaba dirigida a su padre. Tiempo después le escribiría a Milena Jesenská: “Si alguna vez quisieras saber cómo era mi vida en otras épocas, te mandaré de Praga la carta gigantesca que hará medio año le escribí a mi padre, pero que todavía no le entregué”. El 4 de julio de 1920 Kafka le anuncia el envío a Milena: “Mañana te mando la carta a mi padre, a tu casa, cuídala, algún día podría tal vez sentir deseos de mostrársela. No permitas, si es posible, que la lea nadie más. Y trata de comprender al leerla todas las argucias legales; es una carta de abogado.”  

Las casas de Kafka

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La casa "Zur Minute" Buscando la Praga de Kafka, III En el sueño, al pasar junto al Ayuntamiento de la Ciudad Vieja, Franz Kafka se cruzó con un joven que llevaba abierto un enorme paraguas rojo. “¿Inglés?, ¿español?”, preguntó el muchacho, con una sonrisa amable y un poco descarada. “Alemán”, respondió el Doctor Kafka. “Pero puede hablarme en checo si lo prefiere”. “¿Quiere hacer una visita guiada por la Ciudad Vieja? Ofrecemos los mejores precios”. “Lo siento, conozco demasiado bien esta zona y no voy a perderme”, dijo el doctor Kafka. “Tenemos otra ruta. A las doce sale una excursión hacia el Castillo.  Se visitan varios palacios, la catedral, la casa de Kafka... Es muy barato, aunque tendrá que pagar las entradas a los monumentos". "¿Kafka?". "Sí, el escritor. Vivió en el callejón de Oro", le aclaró el joven. "Disculpe, la información que le han dado no es exacta. Pasé un tiempo allí, escribiendo. De hecho es un buen lugar para ello, pe

Buscando la Praga de Kafka, II

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Buscando la Praga de Kafka, I Klaus Wagenbach, en su biografía sobre Kafka, cuenta que en 1956, al llegar por primera vez a Praga, encontró por un lado “la imagen de una ciudad intacta, una de las más hermosas de Europa”: la Praga de Kafka había sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la búsqueda de documentos o personas que hubieran conocido al escritor conducía a Wagenbach, casi siempre, al mismo sitio: Una sala del ayuntamiento judío de la calle Maislove cuyas paredes están cubiertas de estanterías con cientos de archivadores, llenos de fichas de color rojo en las que, debajo del apellido, el nombre y el lugar de nacimiento, aparece una y otra vez el mismo sello: “Oświęcim”: Auschwitz.

El sueño del Doctor Kafka

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Buscando la Praga de Kafka, I “Cuando una mañana, Franz Kafka se despertó de unos sueños agitados, se encontró  convertido en un souvenir turístico”. Bajó las escaleras; la lujosa casa de viviendas de alquiler de la calle Niklas se había transformado en un extraño edificio que Franz no había visto nunca; pero el Castillo, la Escuela Civil de Natación y el Puente Checo permanecían en su lugar. “Puede que siga dormido”, pensó. “Por lo demás es mejor no enfrentarse a los sueños”. Y emprendió el camino de todos los días.  

El tercer hombre

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Viena: desde "El mundo de ayer" a "El tercer hombre"  (II) En la introducción a su novela El tercer hombre , Grahan Greene cuenta cómo fue la génesis de una historia que se convertiría en el guion de una obra maestra del cine. Durante una cena, el productor Alexander Korda le pidió que escribiera el argumento de una película para el director Carol Reed . Korda quería una película que mostrara la situación que se vivía en Viena, ocupada por Francia, Inglaterra, Estados Unidos y la Unión Soviética. Era el año 1948 y en las calles de la que en su día fue la elegante y alegre capital del Imperio de los Habsburgo se alternaban grandiosos edificios con montañas de escombros: “Viena no tenía peor aspecto de otras ciudades europeas de aquel entonces. Bueno, un poco destruida por las bombas, quizás”, dice el personaje-narrador de la película. Las grandes potencias se repartían el pastel de la victoria y con ello surgía un nuevo orden en el mundo, el que enfrentaba a

Viena: desde “El mudo de ayer” a “El tercer hombre” (I)

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Una identidad está hecha también de los lugares, de las calles en la que hemos vivido y dejado una parte de nosotros. (…) A veces los lugares pueden ser atávicos, nacer de anamnesis platónicas del ánimo que se reconoce en ellos. Viena es uno de estos lugares, en los cuales recupero lo sabido y lo familiar, el encanto de las cosas que, como en la amistad y en el amor, con el tiempo se convierten en algo cada vez más nuevo. Esta familiaridad de Viena reside tal vez en su naturaleza de encrucijada, lugar de partidas y de regresos, de personas famosas y oscuras, que la historia recoge para dispersar, después, en la errabunda provisionalidad que es nuestro destino.                                                                                                             Claudio Magris, El Danubio                                               En 1881, año en que nace Stefan Zweig , Viena era la capital de “un imperio grande y poderoso”, gobernado por la monarquía de los Habs

"La campana de cristal" II

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Sylvia Plath fotografiada para la revista Mademoiselle.  La campana de cristal I Sylvia Plath estructuró su novela La campana de cristal en veinte capítulos. Los nueve primeros relatan la experiencia de la protagonista, Esther Greewood, en Nueva York. En el capítulo diez, Esther regresa a Wellesley con su madre; a partir de ahí la novela se centrará en el derrumbe psíquico de la joven y en los tratamientos a los que debe someterse.   El centro de un verdadero torbellino Al igual que Sylvia Plath, ganadora de un prestigioso premio de la revista Mademoiselle, su álter-ego, Esther Greenwood, está pasando un mes en Nueva York, junto con otras once premiadas. Esther se ve inmersa en el mundo ficticio que ha creado la revista de modas en torno a esas chicas que viven su sueño americano: alojadas en el Amazonas, un exclusivo hotel para mujeres, con todos los gastos pagados, trabajan como “redactoras invitadas”, asisten a fiestas, a estrenos de espectáculos, y reciben regalo

"La campana de cristal", I

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Sylvia Plath, con sus mejores galas, entrevista a la novelista Elizabeth Bowen, en Cambridge, para Mademoiselle. Fuente:  The Guardian Durante los meses de primavera y verano de 1961 Sylvia Plath (Boston, 27 de octubre de 1932 - Londres, 11 de febrero de 1963) escribió su única novela, La campana de cristal (The Bell Jar) . Casada desde 1956 con el poeta Ted Hughes , con el que tenía una hija de un año, Sylvia Plath había terminado su primer libro de poemas, The Colossus and Other Poems , que se publicaría en octubre del 61. Pero la poesía no daba dinero para vivir. Por aquellos años todavía era éxito de ventas una novela de Mary Jane Ward – – Nido de víboras (The Snake Pit) –, en la que la autora narraba sus experiencias en un hospital psiquiátrico. Basándose en el libro , Anatole Litvak realizó una película que consiguió el Óscar en 1948. Sylvia Plath necesitaba una seguridad económica que le permitiera dedicarse plenamente a la literatura; de modo que decidió aprovechar su

"Una mosca en la sopa", memorias de un personaje secundario

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Lo que hace que el arte y el recuerdo perduren son los detalles,  la poesía del detalle. Charles Simic, Una mosca en la sopa Cuenta Charles Simic en Una mosca en la sopa que a finales de los años cuarenta vio por primera vez en Belgrado El ladrón de bicicletas de Vittorio De Sica . Desde entonces siempre que ha visto la película ha pensado que ese era  “el aspecto blanco y negro, granuloso que tenía su infancia”. Los primeros recuerdos se parecen a “una edad oscura” en la que se confunden las imágenes borrosas que la escritura consigue rescatar: Escribir ayuda a recordar. La lógica de la cronología obliga a pensar en lo que viene después. Pero también entra en juego la lógica de la imaginación. Una imagen genera otra que no tiene nada que ver con ella –o que, quizá tiene mucho que ver, aunque no lo parezca–.          Vaso Roto Ediciones publicó a finales de 2010 Una mosca en la sopa , de Charles Simic (Belgrado, 1938). Traducido por Jaime Blasco , el libro l

"El mundo no se acaba" de Charles Simic

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En sus memorias, Una mosca en la sopa , Charles Simic (Belgrado, 1938) define la poesía como “la serenata del gato bajo la ventana de la habitación donde se escribe la versión oficial de la realidad”. El poeta “se ve empujado a decir la verdad”, pero existen distintas formas de percibirla: El consejo del realista es “abre los ojos y mira. Los defensores de la imaginación aconsejan: “cierra los ojos para ver mejor”. Hay una verdad que se percibe con los ojos abiertos y otra a la que se accede con los ojos cerrados y a veces estas dos verdades no se reconocen cuando se cruzan por la calle. El mundo no se acaba (Vaso Roto, 2013), edición bilingüe a cargo de Jordi Doce , es una muestra de la otra verdad vista con la lucidez de los ojos cerrados. Basta con adentrarse en ese camino paralelo. Nada habrá cambiado cuando salgamos a la superficie; el mundo continuará siendo ese incomprensible lugar donde los seres humanos viven, aman, mueren, trazan los más elevados sistemas fil