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Mostrando entradas de abril, 2014

Simic y el mundo que fluye sobre lo inútil

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Caminamos con nuestro séquito de fantasmas a cuestas. Con gestos les ordenamos que se callen, pero son tan testarudos que, cuando menos se los espera, surgen del insomnio o las sombras. Convivimos con estos cargantes espíritus. Algunos nos limitamos a soportarlos; otros, por suerte, consiguen transformarlos en arte. Este es el caso de Charles Simic.  Sentados en la mecedora de un porche imaginario, vemos pasar a los personajes que pueblan Mi séquito silencioso . El primero de ellos es la vida, el inexplicable objeto cuyo nombre se nos escapa. “La vida es el secreto más fino, mientras esta perdure todos debemos susurrar”, escribía en una carta Emily Dickinson. Mi séquito silencioso nos ha traído de nuevo a Simic. Sus poemas nos recuerdan que podemos mirar hacia lo incomprensible desde fuera, contemplar la experiencia de un instante que ha quedado suspendido en el tiempo. Nos recuerdan además que podemos reírnos de nosotros mismos, de nuestros miedos y nuestra pequeñez. Es poes