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Alice Munro visita a Horacio

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Cuando a finales del siglo I a. C. el poeta Quinto Horacio Flaco escribió la composición número 11, del Libro primero de sus Odas , no podía imaginar el destino que aguardaba a esas palabras dirigidas a una tal Leucónoe:   Tu ne quaesieris, scire nefas, quem mihi, quem tibi/ finem di dederint.. . [1] En el último verso de la oda, una simple exhortación: carpe diem , disfruta –cosecha– el día, se convertiría en uno de los tópicos más famosos de la literatura y en un monumento de la cultura universal. La literatura culta y la sabiduría popular se unieron en esta frase en la que una lengua, de las que hemos llamado muertas, sigue permaneciendo viva.