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Mostrando entradas de 2018

"Haikus del buen amor desde Lucena (y del mundo)" de Lara Cantizani

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Diseño de portada del pintor Jaime Jurado                                             Haikus del buen amor desde Lucena (y del mundo) cuenta una historia, con un protagonista, Manolo Lara Cantizani, poeta y maestro haijín, y con múltiples personajes, sus haijines. Porque este libro es la historia de Manolo y es, en parte, también la nuestra, la de todos los que hemos participado en este proyecto. El argumento se puede resumir en pocas líneas. El protagonista enferma, y al conocer el diagnóstico sabe que su cuerpo deberá enfrentarse solo a todo lo que la enfermedad conlleva; pero lo más profundo de su ser, su mente y su alma saben que están unidos a una comunidad: familia, amigos, vecinos. Pueden hallarse en Lucena o muy lejos. No importa, un hilo invisible los une. Y ese hilo se va materializando, casi en el primer instante, en sonidos, palabras, versos, repiqueteo de sílabas: cinco, siete, cinco. Los haikus del buen amor emprenden su vuelo a lo largo de un mes y dos día

"El ansia de vivir", exposición de Rafael Lucena

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"Cuidado, no pisar", de Rafael Lucena La vida aparece en los lugares más inhóspitos: bajo lo que un día fue lava de un volcán, en los desiertos, en un macetero olvidado en un balcón, o entre las grietas que el cemento pareció cubrir para siempre. Es el ansia de vivir. Al igual que esa vegetación, el ser humano busca un resquicio hasta en los momentos de desesperación absoluta. Por eso los cuadros de la exposición El ansia de vivir , de Rafael Lucena (La Rambla, 1965) se convierten en metáforas de nuestro acontecer, de nuestro ser en el mundo. Ha sido una obra lenta y meditada, pues acercarse a lo pequeño exige madurez y humildad. “Será una exposición muy poética”, me comentó un día Rafael Lucena en una de esas conversaciones apresuradas en los pasillos del instituto donde los dos trabajamos. Ahora casi puedo decir que lo comprendo. Al contemplar las ramas pendientes de un hilo, entiendo su fragilidad, la insistencia del verdor en la superficie gris, la persi

"Madona con abrigo de piel", de Sabahattin Ali

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Decía Nabokov que “las grandes novelas son grandes cuentos de hadas”. Platón en El banquete escribió un gran cuento de hadas cuando puso en boca de Aristófanes un discurso acerca del amor. La naturaleza humana habría sido en un principio circular, con cuatro brazos, cuatro piernas, dos rostros, dos órganos sexuales… Había además tres sexos: masculino, femenino y andrógino. Como los seres humanos cometieron un acto de soberbia, al pretender invadir el Olimpo, Zeus decidió castigarlos y los dividió en dos. Pero las mitades separadas morían de tristeza y sólo anhelaban encontrarse. Zeus se compadeció y lo solucionó todo para que pudieran unirse de nuevo. Y argumenta Aristófanes que “Amor es, en consecuencia, el nombre para el deseo y persecución de esta integridad”. La gran literatura y la cultura popular se han nutrido de este mito de la media naranja y Madona con abrigo de piel (Salamandra, 2017), de Sabahattin Ali , es una variación del mismo tema. La novela se publicó en Tu

"Correo literario o cómo llegar a ser (o no llegar a ser) escritor", de Wisława Szymborska

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“El manitas debe nacer; no es posible convertirse en uno de ellos, así, de repente, cuando ya se tiene una edad”, escribía Wisława Szymborska en “Los manitas”, una de sus Lecturas no obligatorias . Algo similar podría aplicarse a los poetas y a los escritores en general. Hay personas que nacen con talento para la literatura y personas que no. Por mucho que nos empeñemos en asistir a talleres literarios y cursos de escritura creativa, o en leer libros sobre cómo se escribe un relato, no nos servirá de nada si no existe esa condición previa cuyo origen se halla en la   caprichosa genética, que reparte sus dones de manera bastante aleatoria. Eso no quiere decir que aquellas personas a las que les guste escribir como una forma de expresarse, de organizar sus ideas y su mundo interior, vayan a dejar de hacerlo. Pero seguro que disfrutarán más si son conscientes de que nunca llegarán a ser un Borges o un Federico García Lorca. Probablemente, si los talleres y cursos están impartidos

Sobre haikus y "El invernadero de nieve"

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El niño juega. Su arco de palabras es invencible. Un haiku para Manolo Lara Cantizani En la presentación de "Hainuwele". 27 de abril de 2001.  Fotografía de Antonio Ortega Cuando me encuentre con el poeta Manolo Lara Cantizani paseando por las calles de Lucena, o tomando algo en una terraza, le diré que tiene que escribir una historia; la historia de estos días en los que ha conseguido que todos sus amigos y conocidos lo acompañen en su aventura de escribir haikus. En los momentos difíciles a los seres humanos nos une la poesía; se trata, parafraseando a Juan Ramón Jiménez, de “vencer al miedo cantando”. He cantado con Manolo Lara en varias ocasiones, como en el grupo carnavalesco que formamos con otros amigos a finales de los años 90. El historiador Arcángel Bedmar , letrista y director musical, nos había contagiado su pasión por el carnaval de Cádiz, y nosotros interpretábamos sus ingeniosas letras con toda la energía posible, pero desafinando. A pes