"Haikus del buen amor desde Lucena (y del mundo)" de Lara Cantizani

Diseño de portada del pintor Jaime Jurado
                                           
Haikus del buen amor desde Lucena (y del mundo) cuenta una historia, con un protagonista, Manolo Lara Cantizani, poeta y maestro haijín, y con múltiples personajes, sus haijines. Porque este libro es la historia de Manolo y es, en parte, también la nuestra, la de todos los que hemos participado en este proyecto.

El argumento se puede resumir en pocas líneas. El protagonista enferma, y al conocer el diagnóstico sabe que su cuerpo deberá enfrentarse solo a todo lo que la enfermedad conlleva; pero lo más profundo de su ser, su mente y su alma saben que están unidos a una comunidad: familia, amigos, vecinos. Pueden hallarse en Lucena o muy lejos. No importa, un hilo invisible los une.

Y ese hilo se va materializando, casi en el primer instante, en sonidos, palabras, versos, repiqueteo de sílabas: cinco, siete, cinco. Los haikus del buen amor emprenden su vuelo a lo largo de un mes y dos días. Desde el  30 de julio al 31 de agosto.

Ya en el primer haiku –el número 1436, desde que Manolo Lara había iniciado su aventura de escribir haikus en Facebook–, aparece una declaración de intenciones:

Busco en el haiku
equilibrio. Lo encuentro
en las palabras.

Lara Cantizani en la presentación.
Fotografía de Corbella Thyzzar
Desde el 2 de agosto comienzan a llegarle al poeta haikus de personas amigas, mientras su vida transcurre entre la mar y los olivos. En la playa las medusas, esos molestos invitados en nuestras costas, se convierten en un símbolo, un motivo de reflexión. Porque también la enfermedad, el sabernos vulnerables, son molestos huéspedes a los que nadie ha invitado. Y como lectores sentimos el mismo vértigo que el poeta en ese haiku escrito el 9 de agosto:

La pesadilla
al final no era un sueño.
Me ha desvelado.

Los haikus de nuestro protagonista y de los personajes secundarios están ordenados por fechas. Vemos cómo, conforme pasan los días, aumenta el número de haikus para Manolo. No existe un orden jerárquico. Desde grandes poetas, premios nacionales de poesía, hasta personas que nunca se hubieran imaginado escribiendo versos, y menos aún esos dichosos haikus que hasta ese momento les parecían algo extraño e inútil.

Pero el duende de la poesía estaba haciendo de las suyas y a todos nos empujaba a escribir una página de esta historia. El doce de agosto el torrente de haikus crecía, mientras nos acercábamos al día 13, cuando el poeta  ingresa en el hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba. Y es allí donde otro manantial poético comienza a fluir intensamente para hacer más llevaderos la rutina y el desasosiego de las pruebas y de una habitación con un número: 1616.

Manolo Lara ha sabido unirnos por medio de la poesía. Uno de los mensajeros ha sido la red social Facebook, donde el poeta ha ido escribiendo un diario poético y vital, del que nos ha hecho partícipes.

En los días previos a la operación Manolo sabía despertarnos una sonrisa. Al leer sus haikus nos lo imaginábamos con el pijama de los mismos colores del Betis, veíamos las palomas en las ventanas del hospital, nos enfadábamos con las almohadas, esas pesadas que se convierten en nuestras mayores enemigas cuando no conseguimos conciliar el sueño. Lo cotidiano se transforma en materia poética, en metáfora de nuestra relación con la naturaleza y los objetos:

Miro las nubes,
almohadas del cielo,
en mi ventana.

Sin sentimentalismo, los haikus de aquellos días nos mostraban a un poeta que sabía desde hacía tiempo para qué servía la poesía. Para vivir, para vivir dignamente. Para decir más de lo que en apariencia los poemas decían. Porque con humor se puede escribir acerca de las cosas más serias. Porque, como ya sabemos, en las más altas cimas de la literatura no falta el humor. De ese modo el día antes de someterse a la intervención quirúrgica el poeta escribe:

Futuro y luz.
Estaré en nuestros haikus.
Salud y amor.

En el comentario se despidió con un “¡Hasta luego, Lucas!”. Como otros  haijines, le respondí con un haiku:

Cuando despiertes
un gran ramo de haikus
será el saludo.

Y así fue, el 20 de agosto llovió y nacieron muchos haikus. Y no cesaron de escribirse hasta el 31 y continúan escribiéndose al día de hoy.

El 26 de agosto, llegó por fin un nuevo y esperado haiku de Manolo Lara. Hablaba de la luna. El siguiente, del 27 de agosto, estaba dedicado a una boya amarilla, otro de los símbolos poéticos que recorren el libro. Ese punto del mar que alcanzaba el nadador y que ahora parecía tan lejana, pero en cierta forma la poesía conseguía acercarla:

Ayer la vi,
sí, la boya amarilla.
Fue muy distante.

La publicación de Haikus del buen amor desde Lucena y del mundo, con prólogo de Luis Alberto de Cuenca y epílogo de Ángeles Mora, ha convertido a Lucena en “la ciudad del haiku” o, como a nuestro poeta le gusta llamarla en “Haikulandia”.

Manolo Lara concluye con el haiku número 1535:                                       
                                                                                  
Miro la luz,
me ilumino por dentro,
brilla la vida.

En este canto a la esperanza, el poeta nos invita a continuar, a seguir, a que la poesía viva con nosotros, a que nos asombremos ante la belleza del mundo y de la vida, algo tan incomprensible como hermoso.



Presentación de Haikus del buen amor desde Lucena (y del mundo) (Juan de Mairena, y de Libros, 2018), el 30 de noviembre de 2018, en el auditorio municipal de Lucena. En el libro se recogen haikus de Lara Cantizani, poeta y maestro haijin, y más de 260 haijines. El Colegio de Abogados de Lucena ha patrocinado esta edición cuyos beneficios están destinados a la Asociación Española contra el Cáncer.

Comentarios

  1. me encantan los haikus!
    comò se puede decir tanto en pocas palabras!

    miro la luz,
    me iluminó por dentro,
    brilla la vida.

    me encanta!

    es un placer conocer a Lara Cantizani,gracias!

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  2. Ruido callado,
    espiral de la noche:
    fuera es adentro.

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