"La bella extranjera. Praga y el desarraigo", de Monika Zgustova



La bella extranjera. Praga y el desarraigo es un libro de tamaño pequeño, manejable, cuidadosamente editado. Pero en esas 120 páginas se sintetiza más de un siglo de historia y de literatura. Monika Zgustova ha reunido ensayos y artículos con los que recorremos las calles de Praga, la ciudad donde ella nació, y que tuvo que abandonar tras el “naufragio de la Primavera”. Era solo una niña cuando vio cómo los tanques rusos “bajaban con enorme estrépito” por la avenida donde vivía:

En la ciudad de Kafka –y de Odradek–, el tema del desarraigo fue esencial para toda la pléyade de grandes escritores. A todos esos autores les tocó vivir la marginación que uno experimenta en el totalitarismo cuando se opone a él. La marginación y la culpa por ser diferente.

Por las páginas de La bella extranjera pasean Milena y Kafka, Marina Tsvetáieva (la poeta exiliada rusa, enamorada de Praga) y Boumil Hrabal, Václav Havel y Milan Kundera… Y autores más jóvenes como Radka Denemarková, quien escribe: “Solo la literatura es capaz de decir toda la verdad sobre la historia”.

Y sí, “La bella extranjera” nos invita a seguir leyendo, a intentar comprender lo que fue la Praga del Imperio austrohúngaro en la que nacieron Kafka, escritor en alemán; y Jaroslav Hašek, escritor en checo. Y lo que fue la Praga de Checoslovaquia, de la ocupación nazi, del triunfo del comunismo, del exilio interior y el deseo de apertura, de los tanques del 68… Y seguimos leyendo El buen soldado Švejk de Jaroslav Hašek, y Una soledad demasiado ruidosa, de Boumil Hrabal, dos novelas traducidas por Monika Zgustova:

Muy lejos de darse el gusto de autocompasión o de sucumbir a la tentación de la autoflagelación o el victimismo, los escritores praguenses en las situaciones difíciles han recurrido a un remedio infalible: el humor. Lo llaman “el humor de la horca” o “el humor del ahorcado”.

En las traducciones de Monika Zgustova brilla esa chispa de humor tan difícil de trasladar a otra lengua. Inolvidable es esta cita de El buen soldado Švejk:

Y en los lugares de paso donde habían acampado los ejércitos se veían pequeñas pilas de excrementos de origen internacional, de todos los pueblos de Austria, Alemania y Rusia. Los excrementos de los soldados de todas las nacionalidades y confesiones religiosas yacían esparcidos o estaban apilados sin el más mínimo conflicto. 

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