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Mostrando entradas de febrero, 2022

En Eccles Street con Cervantes y Montaigne

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  Una casa de Eccles Street Son las ocho de la mañana del jueves 16 de junio de 1904. Hemos dejado a los jóvenes Stephen Dedalus y Buck Mulligan en la Torre Martello de Sandycove –más tarde volveremos con ellos–, y hemos recorrido unos quince kilómetros, hacia el noroeste de Dublín. Estamos en la calle Eccles, una perpendicular a Berkeley Road y a Dorset Street (Upper y Lower).   El nombre de la calle proviene de la familia Eccles, ricos propietarios que en 1769 arrendaron unos terrenos para que se construyeran viviendas. Uno de los miembros de la familia, Ambrose Eccles (1736–1809), fue crítico teatral y publicó ediciones de varias obras de Shakespeare, en las que cambiaba de lugar determinadas escenas que, según él, se habían colocado en una posición errónea.   En el número 7 de Eccles Street, Leopold Bloom, un contratista de anuncios, de origen judeo-húngaro, se dispone a salir de casa a comprar un riñón para su desayuno. Le encantan las vísceras de animales, sobre todo los riño

En la Torre Martello con Sylvia Beach (Centenario de "Ulysses")

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Hoy, 2 de febrero, se conmemora el centenario de la publicación de Ulysses de James Joyce y lo celebramos con este artículo publicado en el blog Un verano con James Joyce : En septiembre de 1904, un joven James Joyce deambulaba por Dublín en busca de aposento. No quería volver a la casa de su padre en St. Peter’s Terrace, Cabra, donde, tras la muerte de su madre, el verano anterior, la vida era aún más desastrosa. El 29 de agosto, desde su habitación de alquiler en Shelbourne Road, le había escrito a Nora Barnacle, la chica con la que había salido por primera vez el 16 de junio: ¿Cómo podría amar la imagen de un hogar? El mío era un simple producto de la clase media arruinado por un sentido del derroche que yo he heredado. A mi madre la mataron lentamente los malos tratos de mi padre, las dificultades de toda índole y, estoy seguro, el cinismo de mi comportamiento. Mientras contemplaba su rostro en el ataúd –un rostro grisáceo y comido por el cáncer– comprendí que estaba viendo el rost