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Mostrando entradas de marzo, 2022

Westland Row: por la ruta de los Lotófagos (II)

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(Episodio 5 de  Ulises , II) En el canto IX de la  Odisea , Ulises le desvela su verdadera identidad a Alcínoo, rey de los Feacios, y comienza a contarle sus “lutos y congojas”, desde que partiera de la costa troyana. Los vientos llevaron sus naves hacia la tierra de los lotófagos, que solo se alimentaban de flores. Ulises eligió a dos amigos y a un heraldo para que investigaran lo que ocurría:      Vinieron a dar con los hombres que se nutren de loto y que, en vez de tramarles la muerte, les hicieron su fruto comer. El que de ellos probaba su meloso dulzor, al instante perdía todo gusto de volver y llegar con noticias al suelo paterno; solo ansiaba quedarse entre aquellos lotófagos, dando al olvido el regreso, y saciarse con flores de loto.   James Joyce terminó “ Lotus-Eaters ” (“Lotófagos”), el episodio cinco de  Ulysses,  en abril de 1918 y en julio apareció publicado en la  Little Review . En el capítulo, Leopold Bloom inicia su odisea por las calles de Dublín dando rodeos, como s

Sir John Rogerson’s Quay: por la ruta de los Lotófagos

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(Episodio 5 de Ulises, I) Alrededor de las diez de la mañana del 16 de junio de 1904, en Dublín, Leopold Bloom caminaba por el muelle Sir John Rogerson, en la orilla sur del río Liffey. Habría llegado andando desde su casa, en el número 7 de Eccles Street; un buen paseo de más de dos kilómetros, en el que, probablemente, Bloom habría atravesado Temple Street North, Hill Street, Parnell Street y Gardiner Street (Lower), hasta bordear el edificio de la Aduana y cruzar el río por Butt Bridge, el último puente desde el que se podía acceder al sur de la ciudad. El narrador de Ulysses obvia esa media hora de caminata, y tampoco sabemos lo que sucede en la mente de Bloom hasta que pasa por una estafeta de correos y telégrafos situada en el muelle: “Podría haber dado esa dirección también”. Pero él ha dado otra dirección para su correspondencia secreta: la estafeta de Westland Road. Leopold Bloom parece caminar sin rumbo fijo, dando rodeos, observando la ciudad, el ir y venir de la gente.