Sir John Rogerson’s Quay: por la ruta de los Lotófagos


(Episodio 5 de Ulises, I)

Alrededor de las diez de la mañana del 16 de junio de 1904, en Dublín, Leopold Bloom caminaba por el muelle Sir John Rogerson, en la orilla sur del río Liffey. Habría llegado andando desde su casa, en el número 7 de Eccles Street; un buen paseo de más de dos kilómetros, en el que, probablemente, Bloom habría atravesado Temple Street North, Hill Street, Parnell Street y Gardiner Street (Lower), hasta bordear el edificio de la Aduana y cruzar el río por Butt Bridge, el último puente desde el que se podía acceder al sur de la ciudad.

El narrador de Ulysses obvia esa media hora de caminata, y tampoco sabemos lo que sucede en la mente de Bloom hasta que pasa por una estafeta de correos y telégrafos situada en el muelle: “Podría haber dado esa dirección también”. Pero él ha dado otra dirección para su correspondencia secreta: la estafeta de Westland Road.

Leopold Bloom parece caminar sin rumbo fijo, dando rodeos, observando la ciudad, el ir y venir de la gente. Es el flâneur (“el perfecto paseante”, “el observador”) del que Baudelaire hablaba. Si nuestro protagonista se dirige a Westland Road por Lombard Street East, ¿por qué no toma directamente esta calle desde City Quay? Solo hubiera tenido que caminar 350 metros para llegar a la esquina de Lombard Street con Townsend Street. 

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